Editorial: ::: POLICÍAS LOS DE ANTES :::

Editorial

Si hay una institución de vanguardia en una comunidad esa es la Policía Nacional, cuyo antecedente mas reconocido y añorado es la Guardia Civil, tanto así que conserva el uniforme que hoy llevan todos los Policías sin distinción alguna.

Quienes frisan la base cinco para adelante recuerdan mucho la antigua organización de la Policía Nacional, añoran aquella Guardia Civil que sin ser nada del otro mundo, estaba integrada por hombres que sabían cultivar los valores, que anteponían los intereses personales o de grupo a los de su institución y se dejaban llevar siempre por ese añorado slogan que decía “el honor es su divisa”.

Esa Guardia Civil que dejaba ver a sus efectivos en las esquinas o en los parques realizando no solo labores de custodia sino acciones civiles de hombres de bien, de asistencia a quien lo necesitaba, de apoyo moral hasta en el saludo de estilo que se ha olvidado en estos tiempos.

Aquella Guardia Civil pasó al olvido aquel 06 de diciembre de 1988 cuando el primer gobierno aprista del suicidado Alan García aprobó en su mayoría parlamentaria de entonces la modificación constitucional para variar la estructura interna de la Policía que se dividía en Guardia Civil, Policía de Investigaciones (PIP) y Guardia Republicana, para hacer de ella una sola institución.

Desde entonces tenemos solo a Policías Nacionales cuyo desempeño comenzó a deteriorarse a partir de la escasa formación, la eliminación de escuelas especializadas y la reducción de los años de capacitación, incluso, los propios procedimientos de admisión a sus escuelas de oficiales y sub oficiales deja muchísimo que desear.

Lo cierto es que las antiguas generaciones lamentan la desaparición de la Guardia Civil y observan ahora como muchos Policías terminan en los mismos calabozos a los cuales llevan a los delincuentes en su labor de garantizar y mantener el orden interno como lo establece la Constitución Política del estado.

Este es el lado oscuro de la trayectoria de la Policía Nacional y en las tres ultimas décadas de existencia los medios de comunicación hemos podido dar cuenta de una serie de hechos que evidenciaron el deterioro moral de sus filas, basta recordar en Chimbote el caso de un comandante que estaba chantajeando a otro oficial de su mismo rango, los escándalos de los subalternos en los establecimientos nocturnos, las celadas en las que han caído decenas de efectivos policiales y las recientes denuncias de mujeres agredidas a mansalva por sus parejas miembros de la Policía.

La lista es larga y enorme, tanto que la semana pasada se ha coronado con un hecho absolutamente bochornoso y que pensábamos que jamás habría de registrarse en una entidad como la Policía Nacional, o, lo que es lo mismo decir, entre dos de sus miembros, como lo fue un pugilato en plena vía pública.

Las informaciones dieron cuenta que la gresca se registró entre el responsable de la Comisaría de Jimbe, Alférez PNP Juan Enrique Pastor Obregón (26) y el suboficial de tercera PNP, (en su día de franco), Marco Aurelio Calderón Cabanillas (24), quienes se trenzaron a golpes y ambos terminaron con lesiones en diversas partes del cuerpo.

La pelea ocurrió en el frontis de una vivienda en el A.H “San Francisco Asis” colindante con la avenida Aviación de Chimbote. En dicho lugar, el suboficial PNP Marco Calderón Cabanillas encontró a su esposa “conversando” con el Alférez Juan Enrique Pastor Obregón y se armó una discusión que terminó en agresiones mutuas entre los miembros de la Policía Nacional.

Un patrullero de la Comisaría del 21 de Abril que circulaba circunstancialmente por el lugar pudo intervenir para separar a los efectivos policiales, sin embargo, el Alférez Juan Enrique Pastor Obregón, se adelantó indicando que había sido víctima de agresión física por parte del suboficial PNP Marco Calderón Cabanillas.

Ambos miembros de la Policía Nacional fueron conducidos a la Comisaría del 21 de Abril para el esclarecimiento de los hechos. Al pasar dosaje etílico, ambos resultaron negativos, mientras que el reconocimiento médico legal arrojó al Alférez con lesiones en el cuello, frente y codo izquierdo, mientras que el suboficial presentaba lesiones en los brazos, cuello y oreja izquierda.

Lo curioso es que minutos más tarde, la esposa del suboficial PNP Marco Calderón Cabanillas acudió a la Comisaría del 21 de Abril para denunciarlo por presunta agresión física y sicológica, lo que da una pauta del escenario que se ha generado entorno a un triangulo sentimental que no siquiera se hubieran imaginado en el guión de una telellorrona de las que se transmiten por la televisión.

Este es el marco periodístico que se ha reportado la semana pasada y que debe ser la comidilla al interior de la institución que investiga a ambos efectivos a través de su Jefatura de Inspectoría, en la medida que el comportamiento de los dos efectivos no ha sido el que les corresponde sino que se rebajó al nivel de la gente de callejón.

Muchos podrán decir que se trata de un lio de faldas y que uno tiene la razón de reaccionar de esa manera y que el otro es un atrasador, empero, esas con cosas para el chisme y el comentario cotidianos de las redes sociales, aquí lo que preocupa es la disciplina y el comportamiento de dos miembros de la Policía Nacional que lejos de estar peleándose como escolares chiquillos que la “chocan para la salida”, lo que deben es predicar con el ejemplo y evitar esta clase de enfrentamientos físicos que no le hacen nada bien a la imagen de su institución.

Hay que advertir que la información periodística deja sentado un detalle que advierte la responsabilidad de los agentes y es que el Sub oficial estaba en su día de franco, mientras que el oficial estaba de servicio y como tal debería estar en su despacho atendiendo los problemas de las personas que llegan a su dependencia que es en el distrito de Jimbe, lejos de estar cortejando a mujeres que están legalmente ligadas a otros miembros de su propia institución.

Eso tiene un nombre nada edificante, más aún cuando las redes sociales se han encargado de diseminar una serie de imágenes que demuestran que el oficial en falta no solo estaba conversando con la esposa de su colega, de allí que la institución debe actuar con energía frente a estos casos en que sus miembros no saben corresponder la confianza que les dieron para que vistan un uniforme decente al que hay que respetar. Mano dura para aquellos que solo desmerecen su buena imagen y el buen concepto ante la opinión pública.

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