Los resultados que ha entregado oficialmente la ONPE del sufragio de la segunda vuelta electoral regional realizado el último domingo, tienen que haber sorprendido a propios y extraños pues, aun cuando una victoria del candidato de “Somos Perú” estaba dentro de lo posible, los estimados de las encuestadoras a una semana de los comicios decían otra cosa.

Ello porque desde un primer momento el candidato Juan Rebaza Carpio, del movimiento “El Maicito” manejó las cifras favorables tras la primera vuelta electoral, los cuestionamientos hacia su oponente lo dejaban en un plano bastante delicado, incluso, hubo quienes pensaban que podría ser descartado habida cuenta que la autoridad electoral no había reparado en la omisión de una sentencia en su hoja de vida.

Sin embargo, los descartes ya no operan a estas alturas de la competencia, por ello eso quedó en un segundo plano, aun cuando los contrincantes de Juan Carlos Morillo no desaprovecharon ninguna oportunidad para enrostrarle sus serios problemas de violencia familiar, el antecedente judicial que arrastra por haber agredido a quien fuera su pareja y haber sido objeto de una condena por ello.

Sin embargo, a la hora de la votación este antecedente no ha pesado en la decisión final de los ancashinos, tanto de la costa como de la sierra, de allí que en un análisis inicial podría pensarse que a los ancashinos les llega altamente las agresiones contra las mujeres, lo cual no puede ser cierto, obviamente.

Hay que considerar que el equipo de campaña de Juan Carlos Morillo manejó muy bien este tema y, pese a que arrastra serios recelos y rechazos, el acto de contrición que hizo públicamente en las dos ciudades principales de la región, reconociendo estos hechos y mostrándose afligido por ellos, pidiendo perdón a su propia familia, sirvieron para bajar el volumen a los cuestionamientos de la tienda rival que pareció no comprender la estrategia.

Por el contrario, mientras a Morillo le seguían endilgando las mismas acusaciones y otras igualmente graves, como las relacionadas a las deudas que arrastraba en su desempeño gerencial de su empresa constructora, en el otro lado los cargos se hacían más pesados y reiterativos, se montaba toda una estrategia de campaña que tuvo exitosos resultados porque fue la causante de la vuelta de los estimados que existían hasta una semana antes de la contienda electoral.

Nos estamos refiriendo a las denuncias que se hicieron al candidato Juan Rebaza por el entorno que lo rodeaba no solo en la dirigencia del movimiento con el cual tomó parte sino en la campaña misma, personajes muy ligados al ex presidente regional César Álvarez Aguilar y la corrompida gestión de hace una década atrás.

Aun cuando los parciales de los “maicitos” lo han negado a los cuatro vientos, la presencia de personas que estuvieron ligadas a la festín de César Álvarez era una enorme piedra en el zapato del candidato, incluso, el movimiento con el cual participaba es de propiedad del ex alcalde de Huaraz Vladimir Meza Villarreal a quien en la sede regional consideran un estrecho colaborador de Álvarez Aguilar.

Ese estigma acompañó a Rebaza Carpio durante esta segunda vuelta electoral, ni siquiera en la primera vuelta le enrostró semejante entorno, lo cierto es que la indiferencia del candidato y la parsimonia de los asesores permitieron que este estigma se convierta en un verdadero dolor de cabeza para ellos.

Los errores de los estrategas de campaña de Rebaza le dieron el batacazo final, justamente en los días previos a los cierres de campaña, cuando se difundió un vídeo en el que se advertía que gente que estaba dentro del movimiento “El Maicito” había visitado nada menos que al ex presidente regional en su celda del penal de “Piedras Gordas”, seguramente como amigos o como negociadores de campaña, lo cierto es que aparecían en los documentos del cuaderno de registro de visitas.

Y aun cuando esto fuera cierto, el candidato no supo capear el temporal, no se desmarcó de esta gente y no deslindó con las actuaciones de estos acomedidos que aparecen visitando a quien representa la corrupción de antaño y, a la vez, estaban al costado de uno de los potenciales pretendientes a la gobernación regional.

Si Juan rebaza tomaba distancia de estos personajes a quienes en la calle se les conoce como “comandos”, seguramente otra habría sido la historia, como tampoco supo tomar distancia de un individuo que formó parte del entorno del ex presidente regional y al que muchos lo conocían como compadre de la denominada “bestia de Áncash”, un sujeto que apareció como beneficiario de muchas obras que se ejecutaron en la gestión de César Álvarez y que llegó a apoyar a Juan Rebaza sin que se alertara que esto no era parte de un acuerdo o algo por el estilo, el solo hecho que apareciera abrazado al candidato generó demasiados recelos entre los electores.

Es evidente que los únicos que no pensaban esto eran los asesores del candidato perdedor, toda la población lo percibía y lo entendía así y debieron zanjar su distancia pero no lo hicieron, por el contrario, trataron de justificar su presencia allí cuando no era, ciertamente, lo más conveniente.

De allí que es fácil colegir que el voto que ha emitido la población ancashina el último domingo es un rechazo a la posibilidad de la infiltración o presencia nuevamente de las huestes del ex presidente regional en el campamento de Vichay, los ancashinos no solo están molestos y resentidos con una de las peores gestiones que recuerda la historia regional sino que rechazan de plano que puedan volver a tener protagonismo en el manejo de sus recursos.

El mensaje que ha dejado el voto de los últimos comicios es claro y contundente, las razones de una victoria contundente e inobjetable de Juan Carlos Morillo están sustentadas en el “miedo al cuco”, el pavor y temor de los ancashinos a que los mismos elementos corrompidos de antaño vuelvan a manejar los hilos de la región, quienes no supieron explicar o demostrar que ello no era cierto perdieron de cabo a rabo, se preocuparon de otros temas para manchar la imagen de su contendor sin haber medido que el peso de estos cuestionamientos no representaban nada ante el entorno del candidato que solo generaba pánico y espanto para una gran mayoría.