“Poner mano dura entre comillas, es poner en riesgo la integridad física de los trabajadores municipales y no se puede exponer, se va a controlar hasta donde se pueda”. Estas fueron las palabras del ex gerente de comercialización de la Municipalidad Provincial del Santa en la gestión que concluyó funciones el pasado 31 de diciembre.

Se trata del funcionario Horacio Ponte Roldán, quien se refería de esta manera a la invasión de las calles durante las fiestas navideñas y la toma de las pistas de las céntricas avenidas del caso urbano de Chimbote, reiterando que es imposible poder controlar a la masa de comerciantes informales que llega en esta fecha.

Y justamente, hacía referencia a esto en la medida que los periodistas le advirtieron que en los últimos días del año se observaba una suerte de “lotización” de las pistas, marcaciones que llevaban números y todo indicaba que ya los que manejan este negocio estaban sentando las bases de una invasión absoluta de las calles.

Por ello es que el funcionario ya ponía el parche antes que salte la pus, aun cuando lo que estaba afirmando era cierto, decir que se va a controlar totalmente el comercio ambulatorio es imposible y no se podía mentir, debido al incremento de comerciantes informales, no sólo de Chimbote, sino de otros lugares, es una realidad inocultable.

Incluso, existen experiencias penosas de funcionario agredidos por los comerciantes informales que llegan en masa, se convierten en una suerte de turba, por ello que las autoridades lo que han tratado de hacer es controlar la presencia de los mismos porque, finalmente, la autoridad debe imponer su presencia.

Sin embargo, todos los planes de Ponte Roldán y de los responsables del área de comercialización se fueron al tacho el pasado 31 de diciembre en la medida que el caos hizo presa de las calles céntricas de Chimbote.

La poca presencia de la Policía de Tránsito, la ocupación de las calles, la presencia masiva de personas que llegaban a comprar recién ese día lo que necesitaban para recibir el año, convirtieron las calles en un absoluto caos.

Y es que la población jamás va a entender que comprar productos informales no es garantía de un buen servicio y de calidad, por el contrario, en estos casos se cumple la famosa regla aquella que dice “lo barato sale caro”, sin embargo, aun cuando esto se repite constantemente, cada fin de año la gente se esmera por concurrir a los alrededores del mercado Modelo a comprar prendas amarillas, gorros, serpentinas y todo lo que suelen utilizar para recibir el nuevo año con alegría y felicidad.

Entonces lo único que se consigue es que el tránsito se detenga, que impere la tugurización, obligan al repliegue de los agentes de la Policía Municipal y se impone una anarquía que solo se desvanece con el paso de las horas, cuando las primeras sombras de la noche anuncian que ya todos deben recluirse para recibir el año y que la jornada de compras sencillamente ha terminado.

No vamos a negar que todo es difícil de ordenar pero si tiene que controlarse, es pertinente señalar que esta tarea no solo se deje a la Municipalidad, en estos casos lo que se tiene que hacer es coordinar con la debida antelación, es la Policía, el Ministerio Público, la propia Municipalidad las que deben anticiparse con un plan de contingencia que permita mantener el orden en el tráfico vehicular y peatonal, que obligue a los comerciantes a dejar los suficientes espacios para el traslado de las personas e incrementar las campañas de difusión para evitar que los clientes se vean burlados por un comercio que no garantiza nada cuando existen establecimientos comerciales formales en donde no solo se adquiere un producto con garantías sino que permite que haya un reclamo posterior si es que la venta fue defectuosa o equivoca.

Cuando existe concentración de masas las autoridades no pueden llegar a pretender ordenar las calles por su cuenta y sin un plan de acciones conjunto previo. Esperemos que esto se tenga en cuenta para el futuro, especialmente porque no se puede terminar tan mal un año como el último día del 2018.