Opinión

Algunas cosas empiezan a cambiar en el Perú

Por: VÍCTOR ANDRÉS PONCE

Luego de la muerte del vicealmirante Luis Giampetri se declaró duelo nacional en homenaje y memoria del oficial de La Marina. Y los sectores progresistas tuvieron que guardar silencio, no obstante que desarrollaron una de las persecuciones más feroces de la historia republicana en contra del gran militar. Un evento de este tipo hubiera sido imposible algunas décadas atrás, cuando empezó la persecución política de Giampetri por haber sido uno de los principales protagonistas del debelamiento del motín terrorista en el entonces penal del Frontón.

¿Cómo pudo suceder un acontecimiento de este tipo? Es evidente que el gobierno de Pedro Castillo y su vinculación con el Movadef y el incuestionable desastre en que dejó el país, de una u otra manera, cambió el rostro cultural de la sociedad. El gobierno de Perú Libre y el Movadef, entonces, no solo quebró las fábulas comunistas sobre la propiedad privada y la lucha contra la pobreza, sino también las historias que construyeron las corrientes progresistas en torno a una supuesta defensa de los Derechos Humanos. Algo, pues, parece haber cambiado.

Igualmente, el ataque terrorista de Hamas a poblaciones civiles de Israel y el intento de las izquierdas latinoamericanas de evitar una condena del brutal ataque no prosperó. De alguna manera, en el Perú y la región, la unanimidad que parecía convocar la demonización de Israel ha terminado. Quizá en el protagonismo de Gustavo Petro, los gobiernos latinoamericanos y el comunismo peruano en la condena al legítimo derecho a la defensa del Estado de Israel se encuentre una explicación de los cambios culturales con respecto a un tema tan sensible.

Es evidente, pues, que la llegada al poder de las izquierdas en el Perú y América Latina ha producido grandes desplazamientos culturales. Por ejemplo, luego de la experiencia de Castillo la idea de satanizar a la empresa privada como la causante de la pobreza y las exclusiones ya no parece una fábula atractiva. Las campañas contra las empresas mineras ahora se reducen a los sectores del radicalismo y las oenegés anticapitalistas.

El momento para iniciar una transformación cultural en el país y en la región, pues, es inmejorable. El posible triunfo de Milei en Argentina puede confirmar esta aseveración. Sin embargo, todo será efímero si en las derechas regionales y del país no existe el propósito de desarrollar una gran guerra cultural que enfrente y cuestione la ofensiva general de las corrientes comunistas y progresistas.

De alguna manera en las últimas décadas la relación de oenegés y sociedades intelectuales de la izquierda suma una ventaja abrumadora sobre las centro derechas regionales. Igualmente, el control progresista de las universidades y en la producción de investigaciones revela un gigantesco desbalance. En este contexto, en las últimas décadas se desarrolló una marcada cultura anticapitalista, mientras el modelo económico reducía la pobreza como nunca en la historia. Los resultados demuestran que la gente no solo se alimenta de pan, sino también de historias y relatos.

En el Perú, por ejemplo, debido a los efectos destructivos de Castillo es muy probable que evitemos la llegada de una fuerza antisistema en el 2026. Sin embargo, sin trabajo cultural, sin construcción de narrativas y relatos, la amenaza antisistema retornará y a lo mejor nos condena a una noche muy larga. La Providencia, a veces, se cansa de ayudar a los peruanos.

(*) Director de El Montonero (www.elmontonero.pe)