Opinión

Alan García

Por: Fernando Zambrano Ortiz

Analista Político

Mis recuerdos más lejanos de Alan García Pérez se remontan a los años 70, cuando un joven de cabello largo y casacón de cuero beige, asistía a las bases apristas cada vez que el líder histórico, Víctor Raúl Haya de la Torre, se presentaba en locales partidarios a dictar sus famosos coloquios.

Por aquellos años yo, un escolar hijo de padres apristas, nunca lo vi exponer en aquellas conferencias, quizás opacado ante la elocuencia de V.R. Haya de Torre, Andrés Townsend, Javier Valle Riestra, Carlos Enrique Melgar, Luis Alberto Sánchez, entre otros insignes lideres apristas. Sin embargo, Alan García, de imponente estatura, traslucía desde ya su interés por emular a los grandes lideres apristas.

Tras el trágico fallecimiento de V.R. Haya de la Torre en 1979, y la crisis de liderazgo que le siguió, Alan García consiguió lo que en sesenta años no había conseguido el Partido Aprista: llegar al poder a través de las urnas en dos oportunidades.

El Partido Aprista, que alguna vez lideró Víctor Raúl Haya de la Torre, ha tenido una participación destacada en la vida democrática del país, y su legado sigue vivo en la memoria de muchos apristas. A ellos, mi saludo y reconocimiento por su contribución a la democracia en el Perú.

El miércoles 17 se cumplieron cinco años del sensible fallecimiento de Alan García Pérez, ocasión en la cual es dable a las conductas democráticas, brindar una merecida recordación a quien fuera dos veces presidente de la República, y falleciera después de una vil persecución política que alcanzó a otros líderes democráticos, como Keiko Fujimori.