Opinión

Memento Mori Pedro Castillo

POR: FERNANDO VALDIVIA CORREA

Suele afirmarse que en política no hay cadáveres; es decir, un buen día estás rozando la gloria, y al siguiente en el ostracismo. Y viceversa. Pero, el caso del exmandatario Pedro Castillo Terrones pareciera ser bastante singular. Fugazmente conocido en el 2017, encabezando una huelga magisterial que paralizó la educación pública del país durante dos meses. Para las últimas elecciones generales postuló para la Presidencia de la República, logrando inexplicablemente pasar a segunda vuelta, la que finalmente ganó con el apoyo decidido de la caviarada, quienes promovieron el voto por el antifujimorismo.

Como era de suponer, accedió al poder sin la mínima preparación para el cargo (en realidad jamás trabajó, pues vivió cómodamente parasitando a costas del Estado, cobrando cuotas sindicales), rodeándose, por un lado, de gente improvisada quienes terminaron empujándolo al despeñadero (ejemplo, casa de Sarratea); y de otro, la progresía que buscaron -y lograron- prebendas ministeriales y programas de gobierno, con el fin de obtener jugosas consultorías. En este último punto, el caso más notorio fue de Mirtha Vásquez, entonces Premier, que trajo de cola a Pedro Francke y Avelino Guillén, en Economía y Finanzas e Interior, respectivamente. Y, en ambos escenarios, cuando advirtieron que el prosor ya no daba más, lo soltaron, y canearon.

Otro punto de relevancia fueron sus “malas artes”. Acostumbrado a no sudarla, creyó que podía hacer lo mismo una vez al frente del Ejecutivo. Probablemente robó y/o permitió que lo hicieran. Jamás escuchó voces que le decían y repetían incansablemente MEMENTO MORI PEDRO CASTILLO. Erradamente pensó que estar en el sillón de Pizarro era sinónimo de impunidad para hacer literalmente lo que le viniese en gana.

Hoy, no solo está tras las rejas, acusado de delitos graves como rebelión, sino que además todos sus recursos son rechazados de plano. Más aún, el Ministerio Público ha ratificado su pedido de 34 años de cárcel. Sus abogados, varios en todo este aletargado camino, lo han abandonado. Hasta su solicitud de pensión vitalicia fue tirada al tacho por el Pleno del Congreso en dos oportunidades.

Al final, Castillo Terrones creyó ser inmortal cuando en realidad resultó de carne y hueso como usted o quien suscribe.