Opinión

Reorganización del Ministerio Público

POR: FERNANDO VALDIVIA CORREA

No da para más, es inevitable. Los últimos acontecimientos al interior del Ministerio Público confirman la urgencia en reorganizar este organismo constitucionalmente autónomo, guardián de la legalidad, cuyo símbolo fue alguna vez “una luz que nunca se apaga”. La suspensión de 120 días a Pablo Sánchez, Fiscal Supremo y ex Fiscal de la Nación, por parte de la Junta Nacional de Justicia al haber cobrado triple sueldo de igual número de entidades estatales, algo proscrito por ley, resulta ser un ejemplo más de lo putrefacto que está parte del sistema de administración de justicia.

Antes lo fue con Zoraida Ávalos, reincorporada provisionalmente con una medida cautelar exprés dictada por el Poder Judicial desobedeciendo la soberana decisión del Congreso de la República que la inhabilitó para ejercer la función pública. También con Delia Espinoza requiriendo al órgano jurisdiccional suspender por 36 meses a Patricia Benavides, vulnerando la norma. Desde luego que una vez que la Junta Nacional de Justicia la destituyó, la Fiscal Suprema dejó sin efecto su pedido. Igualmente, con Rafael Vela, también suspendido por 8 meses por insubordinado, siendo repuesto provisionalmente, como no, a través de una medida cautelar. O, con José Domingo Pérez, con su reciente pedido de prisión preventiva (la quinta vez) a Keiko Fujimori por incumplir la regla de conducta de no ausentarse de su domicilio. De inmediato, la abogada Loza aclaró que su defendida no tiene impedimento alguno para salir de Perú.

Y ni qué decir del interino Juan Carlos Villena, símil al ver una vaca encima de un árbol, pues lo primero que nos preguntaríamos es cómo llegó ahí.

El diario Expreso, en su edición del pasado 26 de mayo, ha reclamado la urgente necesidad de reformar esta noble institución. En esa misma línea se han pronunciado los constitucionalistas Natale Amprimo y Aníbal Quiroga, aunque este último agregó que “la Fiscalía juega a la vacancia, en una suerte de golpe de Estado blanco, obviamente al servicio de intereses políticos que reman en esa orientación”.

Claro que reconocemos el trabajo prolijo de los fiscales a nivel nacional, quienes en muchos casos ofrendan su vida en salvaguarda de los intereses de la patria. No obstante, la cúpula; es decir, las máximas autoridades, están demasiado comprometidas con la caviarada a los cuales deben íntegramente sus medallas.