La crisis de Wasi Mikuna:
La reciente intoxicación de alumnos de la Institución Educativa 88025 Ramón Castilla de Coishco, tras consumir productos envasados del programa gubernamental Wasi Mikuna (antes Qali Warma), es un nuevo recordatorio de los serios problemas que enfrenta la alimentación escolar en el país. A pesar de las investigaciones en curso, los hechos revelan una alarmante realidad: el programa necesita una reestructuración profunda e inmediata. No basta con cambiarle el nombre; es imperativo cambiar sus procedimientos y erradicar las deficiencias que lo han convertido en una amenaza para la salud de los estudiantes.
El problema no es nuevo. Existen múltiples antecedentes de intoxicaciones alimentarias relacionadas con este programa, lo que evidencia fallas estructurales en los controles de calidad y en la supervisión de los proveedores. La corrupción, la falta de rigurosidad en los procesos de licitación y el desinterés por garantizar productos en óptimas condiciones han erosionado un sistema que, en sus inicios, tuvo una importante función social. Hoy, sin embargo, lo que debería ser un beneficio para la población escolar más vulnerable, se ha convertido en un riesgo latente.
A pocos días de haberse iniciado el año escolar, la mayoría de colegios públicos del país reciben alimentos de este programa. Si no se toman medidas urgentes, incidentes como el de Coishco podrían repetirse en cualquier región, afectando a miles de niños. No podemos esperar a que ocurra una tragedia mayor para actuar. Las autoridades deben asumir con responsabilidad el reto de reformar por completo esta estructura fallida y garantizar que la alimentación escolar cumpla con los estándares de seguridad y calidad necesarios.
La respuesta de las autoridades locales de educación ante este caso ha sido insuficiente. Solicitar informes detallados es un paso lógico, pero no resuelve el problema de fondo. Lo urgente es determinar las verdaderas causas de esta intoxicación, sancionar a los responsables y, sobre todo, implementar cambios estructurales que impidan que situaciones similares se repitan.
Es inadmisible que un programa creado para combatir la desnutrición y la anemia infantil termine poniendo en riesgo la salud de los estudiantes. La alimentación escolar debe ser un pilar fundamental de la política educativa, garantizando no solo el acceso a los alimentos, sino también su calidad e inocuidad. En este sentido, es crucial que el Ministerio de Educación, el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social y los organismos de control trabajen en conjunto para reformar Wasi Mikuna de manera integral.
Los padres de familia, docentes y la sociedad en general no pueden permanecer indiferentes ante esta problemática. Exigir transparencia, fiscalización y cambios concretos es una responsabilidad compartida. La educación de calidad no solo implica infraestructura y contenidos, sino también la garantía de que los niños puedan aprender en condiciones seguras y saludables.
El país no puede permitirse más negligencias en este ámbito. Wasi Mikuna debe ser reformado de inmediato o, de lo contrario, se convertirá en un símbolo más del fracaso de las políticas públicas en favor de la infancia. Es momento de actuar con firmeza, antes de que sea demasiado tarde.