Editorial

La salud pública no puede depender de operativos aislados

La reciente clausura de un establecimiento clandestino donde se sacrificaban aves en condiciones deplorables de higiene vuelve a evidenciar una realidad que se repite en distintos puntos de nuestra ciudad: la informalidad y el descuido sanitario siguen marcando la ruta por donde transitan muchos de los alimentos que llegan a nuestras mesas. El caso no es aislado ni propio de un solo barrio; es parte de un problema estructural que exige una respuesta sostenida y contundente de la Municipalidad Provincial del Santa.

Las imágenes y constataciones de los inspectores municipales no solo revelan ambientes insalubres, sino también la total ausencia de protocolos mínimos para el sacrificio y manipulación de alimentos. Aves faenadas en pisos sucios, sin control veterinario y sin autorización municipal no representan únicamente una falta administrativa: constituyen un riesgo directo para la salud de miles de consumidores que adquieren estos productos en mercados y bodegas de la ciudad, muchas veces sin saber su origen.

Y es aquí donde la responsabilidad municipal se vuelve ineludible. Si bien el cierre del local intervenido es una medida necesaria, no basta. Estos operativos deben dejar de ser excepcionales para convertirse en una política permanente, sistemática y con enfoque preventivo. No puede ser que la seguridad alimentaria dependa de intervenciones ocasionales o reactivas, cuando el problema es lo suficientemente extendido como para exigir una vigilancia constante.

Además, es imperativo que se refuerce la coordinación con las gerencias de Producción, Gestión Ambiental y Comercialización, así como con organismos de salud pública, para articular esfuerzos y atacar el problema desde todos los frentes: control sanitario, formalización, educación al comerciante y sanción efectiva a quienes insisten en operar al margen de la ley. La informalidad no puede seguir siendo un refugio para prácticas que ponen en riesgo la salud de la población.

La ciudadanía también tiene un rol que asumir. Elegir productos de procedencia confiable y exigir condiciones adecuadas en los puntos de venta contribuye a cerrar el paso a estos negocios clandestinos. Pero la responsabilidad principal recae en la autoridad municipal, que debe garantizar que lo ocurrido no se repita ni se normalice.

La salud pública es un bien colectivo que no admite medias tintas. Si las aves faenadas en condiciones insalubres continúan ingresando a los mercados, estamos ante una amenaza silenciosa que puede traducirse en enfermedades, intoxicaciones o brotes infecciosos evitables. Por ello, la municipalidad debe intensificar y sostener en el tiempo estos operativos, ampliarlos a toda la ciudad y actuar con firmeza frente a quienes desafían la normativa sanitaria.

La clausura de un local es un paso. La protección real de la población requiere dar muchos más.