La situación de los nosocomios de EsSalud en Chimbote se ha convertido, lamentablemente, en un reflejo de la crisis estructural que atraviesa el sistema de salud pública en el país. El Hospital III de Chimbote, principal establecimiento de referencia para miles de asegurados de la provincia del Santa y zonas aledañas, se encuentra colapsado desde hace años. La alta demanda, la limitada infraestructura, la escasez de personal médico y la insuficiencia de equipos han llevado a un escenario donde la atención oportuna y de calidad es más una excepción que una regla.
A diario, los asegurados enfrentan largas colas, citas postergadas por meses, servicios saturados y ambientes que ya no responden a las necesidades mínimas de atención moderna. El Hospital III fue concebido para una población mucho menor a la que hoy atiende, y esa brecha entre demanda y capacidad se ha ido profundizando sin que se adopten soluciones de fondo. Las ampliaciones parciales y los paliativos administrativos han demostrado ser insuficientes frente a un problema que exige decisiones estructurales y urgentes.
En este contexto, el anunciado Hospital Especializado de EsSalud para Chimbote aparece como una promesa largamente postergada. Ahora, el proyecto sigue atrapado en expedientes, estudios, anuncios y declaraciones, pero sin avances concretos en el terreno. Para los asegurados, esta obra se ha convertido en un símbolo de la burocracia y de la falta de voluntad política y técnica para resolver un problema crítico. Mientras el hospital especializado continúa “en papeles”, el Hospital III sigue soportando una carga que ya es insostenible.
A esta realidad se suma un factor que agrava aún más el panorama: la deficiente gestión. No se puede hablar de mejorar la salud sin hablar de la calidad de los funcionarios que dirigen las instituciones. En EsSalud Chimbote, la percepción ciudadana es clara: muchos de los funcionarios no son los más idóneos para los cargos que ocupan. La ineficiencia administrativa, la falta de planificación y la escasa capacidad de gestión terminan repercutiendo directamente en la atención al paciente. No se trata solo de falta de recursos, sino también de cómo se administran los que existen.
La salud no puede seguir siendo rehén de la improvisación ni del conformismo. EsSalud tiene la obligación de garantizar una atención digna a sus asegurados, quienes cumplen puntualmente con sus aportes. El colapso del Hospital III y la demora del hospital especializado no son hechos aislados, sino señales de un sistema que requiere una reforma profunda a nivel local y nacional.
Chimbote no puede esperar más. Se necesita voluntad política, funcionarios competentes y decisiones firmes para destrabar proyectos, fortalecer la gestión y priorizar la salud como lo que es: un derecho fundamental. De lo contrario, el colapso dejará de ser una advertencia para convertirse en una tragedia cotidiana para miles de familias aseguradas.

