Editorial

En Sedachimbote no hay responsables

En dos ediciones consecutivas hemos informado a la ciudadanía sobre la situación crítica de la obra del Reservorio IV de Sedachimbote, a raíz de los informes emitidos por la Contraloría General de la República que confirman un hecho grave e inaceptable: la obra sigue inconclusa dos años después de haberse iniciado y, peor aún, existe la recomendación técnica de demoler lo ya construido debido a serias deficiencias estructurales.

El proyecto, que debía fortalecer el sistema de abastecimiento de agua potable para Chimbote, se inició con una inversión de 6 millones 729 mil 279 soles, bajo la responsabilidad de un primer contratista al que posteriormente se le resolvió el contrato. Hasta allí, el proceso ya mostraba signos de improvisación. Sin embargo, la situación se tornó aún más cuestionable cuando el saldo de obra fue adjudicado de manera directa, sin licitación, a un segundo contratista por un monto mayor: 7 millones 501 mil 014 soles.

Este segundo contratista no continuó con la ejecución tras constatar que las estructuras presentaban menor cantidad de concreto, rajaduras evidentes y serios problemas en el expediente técnico. Es decir, no solo se heredó una obra mal hecha, sino también un expediente deficiente que hacía inviable su continuidad. Todo ello se encuentra debidamente documentado en cinco informes de Contraloría emitidos entre 2024 y 2025, siendo el último de ellos el más contundente al señalar incompatibilidades técnicas, plazos largamente vencidos y la recomendación expresa de demoler.

A esta situación se suma la denuncia penal presentada en octubre por el entonces gerente de Sedachimbote, Rómulo Antúnez, contra cinco personas, entre ellas tres ex funcionarios de confianza de la empresa. Antúnez fue retirado de su cargo pocas semanas después. Entre los denunciados figura el ex gerente Carlos Effio Castro, quien condujo todo el proceso del Reservorio IV y era hombre de confianza del entonces presidente del directorio, Víctor Sichez Muñoz.

Resulta lógico, por tanto, que en la denuncia no aparezcan los acuerdos de directorio que avalaron la adjudicación directa del saldo de obra ni la aprobación de un nuevo expediente técnico con un incremento de más de un millón y medio de soles respecto al monto inicial. La gran pregunta sigue siendo: ¿qué hacía el directorio durante todo ese tiempo?, ¿acaso no conocía las observaciones de Contraloría?, ¿por qué ninguna fue respondida?

¿Carlos Effio hacía y deshacía en Sedachimbote con total impunidad, a vista y paciencia de todos, manejando más de 14 millones de soles de recursos públicos? La falta de control y reacción resulta tan grave como las irregularidades mismas.

Este no es un hecho aislado. Entre 2023 y 2025, Sedachimbote ha atravesado uno de sus periodos más oscuros. Casos como el del Pozo 18, inaugurado sin haberse entregado formalmente y con un motor usado que terminó dañando el sistema, también fueron denunciados oportunamente desde estas páginas. ¿El resultado? Ninguna sanción, ninguna acción de la procuraduría, ningún pronunciamiento efectivo del Ministerio Público.

Esa es la dura realidad que hoy enfrenta Sedachimbote: obras fallidas, millones perdidos y una alarmante ausencia de responsabilidades.