Editorial

Puente Santa: La advertencia ignorada

El pasado 18 de marzo de 2025 advertimos desde estas páginas sobre el preocupante estado del viejo puente sobre el río Santa, una infraestructura clave de la carretera Panamericana Norte que supera ya los 60 años de antigüedad. En aquella oportunidad señalamos, con claridad, que el viaducto requería con urgencia un mantenimiento de rigor, no solo por su edad, sino por las visibles condiciones de deterioro que presentaba. Hoy, lamentablemente, los hechos confirman que no se trataba de una alarma exagerada, sino de una advertencia que no fue atendida a tiempo.

En la víspera se ha hecho pública la inspección realizada por el Órgano Desconcentrado de Gestión del Riesgo de Desastres de la Municipalidad Provincial del Santa, en la que se detectaron enormes fisuras en la estructura del puente. El informe preliminar revela que la infraestructura presenta un avanzado estado de deterioro, especialmente en las juntas de expansión, lo que compromete seriamente su estabilidad. A ello se suma la percepción de vibraciones constantes al paso de los vehículos, una señal inequívoca de que el puente ya no soporta con normalidad la carga vehicular actual.

No estamos hablando de una vía secundaria. El puente Santa es un punto estratégico de la Panamericana Norte, por donde circulan diariamente miles de vehículos, entre transporte interprovincial, carga pesada y tráfico local. Cualquier falla estructural no solo afectaría la conectividad regional, sino que podría desencadenar una tragedia de grandes proporciones. Sin embargo, durante años se ha optado por la indiferencia, el parche temporal y la postergación de decisiones de fondo.

Resulta preocupante que recién ahora, tras la intervención de diversas instituciones como la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía de Prevención del Delito y el Colegio de Ingenieros, se empiece a hablar de estudios estructurales especializados y de una posible declaratoria de emergencia. ¿Era necesario llegar a este punto para reaccionar? ¿Cuántas inspecciones más se requieren para entender que la infraestructura vial también envejece y que el mantenimiento preventivo es una obligación, no una opción?

La antigüedad del puente, que supera las seis décadas, no puede seguir siendo una excusa para la inacción. Por el contrario, debería ser el principal argumento para priorizar su evaluación técnica, su reforzamiento estructural o, si las condiciones lo exigen, su reemplazo. La seguridad de la población no puede estar sujeta a la improvisación ni a los limitados presupuestos municipales.

Es evidente que el crecimiento del parque automotor, el aumento del transporte pesado y el paso del tiempo han superado la capacidad para la cual fue diseñado el puente Santa. Mantenerlo en operación sin una intervención integral es asumir un riesgo innecesario y peligroso. La restricción del tránsito a una sola vía es apenas una medida paliativa que no resuelve el problema de fondo.

Las autoridades locales, regionales y nacionales deben asumir su responsabilidad. No basta con informes técnicos ni con anuncios de futuras evaluaciones. Se requiere un plan concreto, con presupuesto asignado, cronograma definido y acciones inmediatas. El puente Santa no puede convertirse en otro símbolo de la desidia estatal ni en una tragedia anunciada.

La prevención es más barata que la reconstrucción, y mucho más valiosa que el lamento posterior. Hoy aún estamos a tiempo de actuar. Mañana podría ser demasiado tarde.