Por: Dr. Marco Lovón
Pontificia Universidad Católica del Perú
En el contexto de las campañas electorales se suelen identificar variadas manifestaciones de violencia verbal, e incluso física, empleadas para deslegitimar a los candidatos, y hasta ocasionar la desestabilización de los procesos democráticos. En este contexto no solo la comunicación cotidiana, sino también las redes sociales y otras plataformas digitales se usan para descargar agresiones verbales y discursos de odio, amplificados por bots o algoritmos. Los perjudicados pueden ser los adversarios, los electores, los simpatizantes, hasta alcanza a profesionales como los periodistas o los politólogos. También se han registrado ataques contra organismos electorales y sus funcionarios, porque se busca minar su independencia, ello incluye amenazas.
Algunas palabras cuestionan la capacidad intelectual o moral del candidato, como son “títere”, “marioneta”, “vendepatria”, “corrupto”, “burro”, “bestia”, “rata”, “puerco”. Hay otras que lo ideologizan como “radical”, “extremista”, “populista”, “autoritario”. También acontecen sobrenombres para ridiculizar, es decir los motes y los apodos, así como los diminutivos que infantilizan al político, o la sátira de la forma en cómo habla o escribe la persona. Los mecanismos del lenguaje pueden ser amplios. No obstante, hay maneras de contrarrestar la violencia lingüística.
Propiamente, la violencia verbal se presenta a través del empleo de términos ofensivos y lenguaje tóxico que pueden cuestionar la integridad de los candidatos en lugar de debatir sus propuestas, muchos calificativos que se recrean generan la imagen de ignorancia o asqueamiento contra el atribuido, y su difusión muchas veces se normaliza. En estos casos, el lenguaje se utiliza con la intención de perjudicar y destruir psicológicamente a las personas.
Como el uso de la agresión verbal afecta la calidad democrática y la seguridad del proceso electoral, en el Perú, el sistema electoral, bajo la supervisión del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), establece mecanismos que moderan la conducta de los actores políticos. Entre sus propuestas, resalta el Pacto Ético Electoral (PEE), como el principal compromiso voluntario que tienen los partidos para evitar el lenguaje soez, los insultos y los ataques personales durante la campaña.
Es grave la situación cuando sobrepasa lo verbal y escala a acosos, amenazas de muertes, atentados, asesinatos, exterminios o prohibiciones de participar en las contiendas electorales. En estos comicios próximos, por tanto, se exhorta a los partidos y los electores a actuar con sumo respeto y ética, sin agresiones, ni ataques personales o colectivos, insultos o cualquier otra manifestación violenta, para que el ejercicio electoral se realice objetiva y pacíficamente.

