La Unidad de Gestión Educativa Local (UGEL) Santa acaba de cumplir 55 años de vida institucional, una fecha que no solo invita a la celebración, sino también a la reflexión profunda sobre el estado real de la educación pública en nuestra jurisdicción. En medio de los preparativos para el inicio del año escolar, programado para el próximo 16 de marzo, la directora de la UGEL, licenciada Romy Saldaña Távara, ha formulado un llamado tan oportuno como necesario: que los gobiernos municipales asuman un rol más activo en la inversión en infraestructura educativa.
El diagnóstico es claro y preocupante. De los 385 colegios existentes en la jurisdicción de la UGEL Santa, una parte significativa presenta condiciones de deterioro que, si bien hoy son calificadas como “habitables”, representan un riesgo latente para estudiantes y docentes. Techos dañados, paredes resquebrajadas, servicios higiénicos deficientes y patios inseguros son parte del panorama cotidiano que miles de escolares enfrentan al iniciar cada jornada. Hablar de calidad educativa sin resolver estas carencias estructurales resulta, por decir lo menos, una contradicción.
El pedido de la directora de la UGEL no es un gesto político ni una salida retórica. Está sustentado en la Ley Orgánica de Municipalidades, que faculta y compromete a los gobiernos locales a intervenir en la construcción y rehabilitación de locales escolares, siempre que estas acciones se encuentren alineadas al plan concertado de desarrollo. Existen ejemplos concretos que demuestran que sí es posible hacerlo, como el caso de municipalidades que han priorizado la educación construyendo colegios, losas deportivas y cobertores, mejorando así las condiciones de aprendizaje.
Resulta indispensable comprender que el Ministerio de Educación no transfiere recursos para la construcción de infraestructura escolar a las UGEL. La mayor parte del presupuesto que recibe esta entidad está destinada al pago de planillas del personal docente y administrativo, quedando un margen mínimo para gastos operativos. Pretender que la UGEL asuma la solución integral de los problemas de infraestructura no solo es irreal, sino también injusto.
En ese escenario, los gobiernos municipales no pueden seguir mirando al costado. La educación no debe ser vista como una competencia ajena o secundaria frente a otras obras de impacto visible. Invertir en colegios no genera titulares inmediatos ni réditos políticos rápidos, pero sí construye ciudadanía, desarrollo y oportunidades a largo plazo. Cada sol destinado a mejorar un aula es una inversión directa en el futuro del distrito.
El aniversario 55 de la UGEL Santa llega, entonces, como un recordatorio de que la educación es una tarea compartida. El inicio del año escolar está a la vuelta de la esquina y miles de niños retornarán a aulas que deberían ser espacios seguros y dignos. La exhortación está hecha. Ahora corresponde a los alcaldes demostrar, con hechos y no solo con discursos, que la educación ocupa un lugar prioritario en sus agendas de gestión.

