Por: Walter Miguel Quito Revello
El domingo un vecino me escribe y me pregunta: ¿Es usted izquierdista? Compre el diario Chimbote los miércoles y le respondo, le dije.
Hablando de izquierda y de derecha en 1971, Eduardo Galeano escribió Las venas abiertas de Sudamérica, un libro que desnudó cómo nuestro continente ha sido saqueado desde la época colonial, primero por potencias extranjeras y luego por estructuras económicas y políticas que perpetúan el monopolio del poder. Hoy, más de medio siglo después, su reflexión sigue siendo aterradoramente vigente en el Perú —donde las etiquetas de izquierda y derecha han dejado de tener significado, reemplazadas por una política oportunista que solo busca impunidad y beneficios a corto plazo.
Galeano hablaba de cómo Sudamérica fue convertida en un «gran almacén» para los intereses externos. En el Perú actual, ese modelo se ha internalizado: ya no es necesario que los extranjeros lleguen a saquearnos, lo hacemos nosotros mismos. Las alianzas entre figuras de la llamada «izquierda cerronista» y grupos fujimoristas, o entre partidos de diferentes bandos que juraban ser enemigos, no son más que manifestaciones de esto. Todo se reduce a cerrar filas para evitar responsabilidades, mantener el control de los recursos y asegurar los puestos de poder.
En teoría, aún existe la división entre izquierdas y derechas. Pero en la práctica, esas ideologías han sido desmanteladas por la ambición política. Quienes decían luchar contra la corrupción se abrazan con quienes la han protagonizado; quienes reivindicaban los derechos de los más pobres negocian con aquellos que históricamente los han marginado. El objetivo único es la supervivencia del grupo en el poder, sin importar las consecuencias para el país.
Nuestra región norteña, Áncash, es el fiel reflejo de esta realidad. Nuestros congresistas aparecen solo en época de campaña, prometiendo obras que nunca llegan y haciendo promesas que no cumplen. Mientras tanto, problemas de trascendencia regional siguen sin solución: el Puerto de Chimbote, clave para el desarrollo económico de la zona, no avanza como debería; proyectos estratégicos para la agricultura Chinecas y otras localidades se quedan en papel. Sobre estos temas, hablar del Gobierno Regional da pena porque prácticamente no existe…
El gobernador regional, los alcaldes y los propios representantes en el Congreso parecen más preocupados por asegurar favores a sus círculos cercanos que por atender las necesidades de la población. La «teoría del buen amigo» que menciona muchos ciudadanos se ha convertido en la norma: se vota por quien nos ofrece un
puesto de trabajo, una comida o un pequeño beneficio inmediato, en lugar de elegir por propuestas que transformen la región.
Esta dinámica no es nueva, pero se ha intensificado en los últimos años. Recordamos campañas electorales donde se ofrecían tapers con comida en lugar de planes de desarrollo, donde se hablaba de «ayuda» a corto plazo en lugar de educación, salud o infraestructura. Ese modelo de política mercantilista reproduce el mismo saqueo que Galeano describió: en lugar de construir un país justo, se sigue alimentando la desigualdad, asegurándose de que la mayoría siga dependiendo de los favores de unos pocos.
Ya no se vota por conciencia, sino por necesidad. Y esa necesidad es aprovechada por quienes no tienen interés en cambiar el sistema —porque el sistema como está les beneficia.
La solución no está en elegir entre izquierdas o derechas tradicionales. No sirve de nada seguir apostando a partidos que solo cambian de camiseta pero mantienen el mismo juego. Lo que necesitamos es exigir transparencia, responsabilidad y un compromiso real con el desarrollo del país. Debemos pedir que las obras estratégicas para las regiones se concreten, que los recursos públicos se inviertan en lo que realmente importa y que los políticos rindan cuentas por sus actos. El legado de Galeano no debe ser una condena, sino un llamado a la acción: es hora de cerrar las venas abiertas de nuestra política y construir un Perú donde el bienestar de todos sea la prioridad.

