Por: Dr. Marco Lovón
Pontificia Universidad Católica del Perú
Los discursos de odio son las narraciones que se gestan sobre la base de identidad por motivos de género, orientación sexual, religión u origen étnico para fomentar y esparcir discriminación y exclusión contra una persona o un grupo, en vez de concentrarse en el enfoque programático. En estos discursos se polarizan a los oponentes, construidos como “enemigos”, con el fin de justificar la hostilidad presente. De manera instrumental persiguen sobre todo deshumanizar al oponente, a un colectivo o a las minorías. El odio, asimismo, al dirigirse contra los organismos electorales puede preparar el terreno para narrativas de fraude.
Entre las variadas consecuencias de la actuación negativa del lenguaje se presenta el efecto silenciador, el cual crea un clima de temor que inhibe la participación de voces disidentes y grupos vulnerables en la conversación y la opinión pública. Una secuela adicional es la desafección política, cuando la ciudadanía se retira del proceso electoral al sentir que el sistema no canaliza sus demandas de forma pacífica, o incluso puede generarse una autocensura cuando los políticos se abstienen de participar o renuncia por los acosos sistemáticos.
Con frecuencia las coyunturas electorales en el país han sacado a flote prejuicios y sentimientos latentes, como el machismo, el racismo, el clasismo o la xenofobia, empleados para minusvalorar el voto femenino, el voto indígena y campesino, el voto afroperuano, el voto tusán y nikkei, el voto de extranjeros nacionalizados o el voto de discapacitados.
Cabe señalar que en el Perú el Pacto Ético Electoral (PEE) del Jurado Nacional de Elecciones promueve conductas éticas en los actores políticos. Los puntos clave del pacto suelen enfocarse en realizar campañas basadas en ideas, respeto mutuo, rechazo a la desinformación, uso ético de tecnología y juego limpio. De las distintas organizaciones políticas que participarán en las Elecciones Generales 2026 (EG-2026), 29 han suscrito el Pacto Ético Electoral para llevar a cabo una campaña electoral respetuosa en el marco de los principios y los valores democráticos.
En las elecciones de este año se espera que cada partido y cada elector actúe con respeto y se alerte sobre sus riesgos antes de que escalen. En este panorama los ciudadanos pueden identificar estos tipos de narrativas y no replicarlas.
En un país como el nuestro se tiene que seguir impulsando pactos éticos entre partidos políticos y candidatos para evitar el uso de retórica racista, xenófoba o de género.

