Opinión

Me voy, me voy, no, mejor me quedo

POR: FERNANDO VALDIVIA CORREA.

En mayo de 1983, con tan solo diecinueve años apareció en el programa estrella del momento: Trampolín a la Fama. Y, a partir de ese instante, su vida cambió. Literalmente, el célebre Augusto Ferrando lo descubrió. De inmediato ingresó a la televisión con su versatilidad para impostar voces de personajes de la época, siendo el más recordado de “Popy” Olivera (cuando aún era “Popy”, el incombustible perseguidor de la presunta corrupción durante el primer gobierno del finado expresidente Alan García). Una notable y merecida carrera de éxito humorística.

Cuatro décadas después, el bichito de la política empezó a rondar su cabeza. Tentado por esa posibilidad, sucumbió a la misma, y a inicios del 2024, Carlos Álvarez anunció su afiliación al partido País Para Todos (PPT), atendiendo una invitación pública (vía redes sociales) del presidente de la citada agrupación, Vladimir Meza.

Alistado como precandidato a la primera magistratura del país, tuvo, a fines de mayo de 2025, su primera discrepancia con la dirigencia al pretender imponerle postulantes al legislativo. De inmediato, el ex cómico dio un rotundo NO, agregando públicamente “me retiraré agradeciendo al partido por abrirme las puertas de su casa. Yo solo soy, o era, un invitado que quiere, o quería, que los mejores sean convocados”. Esa condicional no prosperó, y al final se quedó. De momento.

Luego, hace tres semanas, le tocaron el sensible tema de su orientación, a lo que visible y comprensiblemente incómodo expresó «Mi vida privada es personal. Y mi vida familiar también. Yo no la ventilo a los medios. Si algunos les encanta, e incluso facturan, es su problema«. Y por supuesto que tuvo razón. Ahí sí.

Sin embargo, el pasado miércoles, anunció que pidió explicaciones al partido al haberse beneficiado con S/ 642 mil por concepto de franja electoral al canal Nativa (relacionada con el polémico Miguel del castillo, hijo del histórico líder aprista Jorge), precisando que si no remueven a los culpables, daría un paso al costado. De nuevo.

Al día siguiente, Álvarez se reunió con Meza a puertas cerradas, y el viernes en la noche, en video publicitado, declaró que “habiendo cumplido el partido con lo exigido, sigo en la carrera de forma distinta, de forma disruptiva, porque se tiene que construir una política diferente y eso empieza por casa, caiga quien caiga. No es momento de enfrentarnos, sino alzar la voz ante las injusticias si queremos devolverles la confianza a todos los peruanos«. En resumen, sigue. De nuevo. Casi en simultáneo, PPT comunicó que no utilizaran la franja electoral, separando de sus filas a los responsables de la cuestionable distribución dineraria.

De acuerdo con la última encuesta de opinión de CPI, un expectante 3.6% muestra simpatía hacia Carlos Álvarez. Cifra nada despreciable. Y, como en el Perú nada está dicho, imaginemos que pasa a segunda vuelta y además gana (en serio, no es tan difícil este pronóstico luego de sobrevivir diecisiete meses con Pedro Castillo), y ya sentado en el sillón de Pizarro, el Congreso (Senado y/o Diputado) se opone a un proyecto de ley enviado como prioridad, o que en un supuesto baño de popularidad, la población lo rechaza con insultos, ¿cómo reaccionaría?, acaso, ¿amenazaría con renunciar al cargo?.

Algunas veces se gana, otras se aprende”, decía John Maxwell. Y eso debe entender Carlos. Más allá del difícil escenario político en que se mueve (dentro o fuera de PPT), las cosas no siempre serán como él las sueña, piensa o cree. En realidad, casi nunca lo es. Precisamente su tarea consiste en armonizar todas las propuestas existentes y fijar puntos en común, y remar, aceptando los cuestionamientos por más triviales que le parezca (Sir Winston Churchill parafraseó que “personalmente siempre estoy dispuesto a aprender, aunque no siempre me gusta que me den lecciones”).

Lo contrario, a dos meses de las justas electorales, es que surja una nueva rabieta (con razón o sin ella), y ahí no será Meza quien decida, sino el ciudadano, castigándolo severamente en las urnas.