Por: Walter Miguel Quito Revello
En la provincia del Santa la lucha contra la corrupción funciona. Funciona rápido, con decisión y con resultados visibles. Aquí no hay impunidad, nos dicen. Y las pruebas están a la vista: se captura a los peces pequeños sin demora.
Ahí está Cambio Puente como ejemplo. Operativo, intervención, titulares. La justicia llegó puntual, sin excusas y sin contemplaciones. Cuando el investigado es un alcalde de centro poblado, con presupuesto mínimo y sin blindaje político, el sistema demuestra una eficacia admirable. Así debe ser, dirán algunos. Y no les falta razón: usar bienes del Estado para fines privados es delito.
Pero en el Santa la realidad tiene doble fondo. Porque mientras la red cae con fuerza sobre los peces chicos, los peces grandes nadan tranquilos.
Basta con mirar alrededor. Regidores que usan vehículos municipales como movilidad diaria. Funcionarios que confunden comisión de servicio con diligencias personales. Policías que convierten patrulleros en transporte familiar. Autoridades distritales y provinciales que recorren la provincia en unidades oficiales sin que nadie pregunte a dónde van ni para qué.
Y más arriba, en el nivel regional, la costumbre ya ni se disimula: camionetas del Estado para todo, menos para rendir cuentas. Ahí la justicia no llega con la misma velocidad. Ahí no hay operativos sorpresivos. Ahí no hay titulares ni esposas. Ahí la ley existe, pero se aplica con extrema delicadeza.
La diferencia no está en el hecho, sino en el tamaño del cargo. No en el delito, sino en la cercanía al poder. No en la norma, sino en quién puede incomodarse si se aplica.
En la provincia del Santa, la lucha anticorrupción parece tener un criterio claro: valentía con los débiles, prudencia con los fuertes. Se persigue al que no tiene respaldo, al que no maneja millones, al que no puede devolver favores. Eso da resultados rápidos y bajo costo político.
Y así se construye una narrativa conveniente: se sanciona a alguien, se muestra acción y se repite el discurso de que “nadie está por encima de la ley”. Aunque todos sepamos que algunos están muy por encima… y bien protegidos.
No se trata de justificar a nadie. El delito no se relativiza. Pero cuando la justicia solo alcanza a los mismos de siempre, deja de ser justicia y se convierte en puesta en escena.
Por eso, la pregunta queda flotando en el aire del Santa, incómoda pero necesaria: ¿Aquí se combate la corrupción de verdad, o solo se lanzan redes pequeñas para no molestar a los peces grandes?

