Por: Dr.(c) Miguel Koo Vargas
En menos de una semana pasamos del reality presidencial al pacto congresal. Jerí cayó. El “chifagate”, las visitadoras de Palacio y todo el destape putrefacto de su gestión terminaron adelantando lo inevitable. La escenografía ya no sostenía nada. Cuando el relato se vacía y la credibilidad se evapora, el sistema actúa por cálculos políticos.
Pero lo que vino después no mejora el panorama. El Congreso eligió a otro “lapicito”, José Balcázar, como presidente del Legislativo y encargado del Ejecutivo, en una segunda vuelta entre 113 congresistas.
Días más tarde, luego del negociado bajo la mesa, se confirma la designación de Hernando de Soto como premier. Una señal política, y una señal conocida. De Soto ya coqueteó con Perú Libre en tiempos de Pedro Castillo, cuando el experimento populista aún buscaba barniz intelectual. Hoy vuelve a escena, confirmando que su brújula no es ideológica, sino oportunista de cara a las elecciones de abril.
Y mientras se repartían ministerios y puestos, el propio Vladimir Cerrón terminó diciendo en una entrevista lo que todos intuían. El pacto tiene nombres y apellidos. César Acuña por APP, Keiko Fujimori por Fuerza Popular y José Luna Gálvez por Podemos Perú. La vieja repartija, pero con nuevo libreto para desestabilizar a la mal llamada “derecha peruana”.
No es la primera vez que el Congreso decide gobernar este país. Lo estamos viendo hace unos días cuando le dieron la espalda a María del Carmen Alva y optaron por acuerdos subterráneos antes que velar por la estabilidad.
Jerí cayó por desgaste propio, eso es evidente. Pero el engranaje que lo sostenía sigue funcionando con los mismos operadores. Aquí no hubo renovación moral ni sacudida institucional, solo hubo un reacomodo.
Nueve presidentes en diez años. Ese dato por sí solo debería avergonzarnos como sistema. Una vergüenza internacional de la que habla todo el mundo.
Los pactos, claro, existen en todas las democracias. Pero aquí no se presentan con claridad ni se explican con honestidad. Se maquillan como “responsabilidad” mientras se negocian en silencio.
Esta semana nos mostró cómo se mueve el poder cuando se siente amenazado, se negocia, se protege, se reorganiza volviendo a donde empezamos: Al calvario de ser gobernados por un títere de Cerrón y sus secuaces.
De cara a las elecciones, la pregunta ya no es quién gana. Es si el Perú seguirá atrapado en este ciclo de reemplazos sin reforma, de caídas sin aprendizaje, de pactos sin proyecto.
Porque si en abril solo cambiamos nombres y no reglas, volveremos a escribir esta misma columna en uno o dos años, y el país ya no tiene margen para otra temporada de lo mismo.

