La reciente protesta de los pobladores de Macate en las afueras de la sede del Gobierno Regional de Áncash no es un hecho aislado ni un simple acto de presión política. Es, en realidad, la expresión de un cansancio acumulado por años de postergación. La carretera Shacsha – Tunín – Quihuay se ha convertido en el símbolo de una deuda histórica con el distrito más alejado de la provincia del Santa.
Macate no solo enfrenta dificultades geográficas por su ubicación. También padece una profunda brecha en infraestructura que limita su desarrollo y condena a sus pobladores a condiciones desiguales frente a otros distritos. La vía Shacsha – Tunín – Quihuay, de aproximadamente 15 kilómetros, es clave para integrar a sus centros poblados y permitir que la producción agrícola —especialmente la palta y otros cultivos— llegue en condiciones competitivas a los mercados.
Cuando una carretera no está asfaltada, no se trata solo de polvo en verano y lodo en invierno. Se trata de sobrecostos logísticos, de productos que se malogran en el camino, de familias que ven reducidos sus ingresos y de oportunidades que se pierden. Se trata también de estudiantes que tardan más en llegar a sus centros educativos y de pacientes que arriesgan su salud en trayectos inseguros hacia un establecimiento médico.
Pero el problema de Macate no es únicamente vial. El distrito necesita atención integral. La infraestructura en salud es limitada, los servicios educativos requieren mejoras urgentes y el acceso al saneamiento básico aún no alcanza estándares adecuados. Agua potable, desagüe y centros de atención médica equipados no son lujos, son derechos fundamentales.
Resulta preocupante que, para ser escuchados, los pobladores tengan que trasladarse hasta la capital regional y manifestarse públicamente. Si bien el derecho a la protesta es legítimo, lo ideal sería que las autoridades regionales mantengan una presencia activa en los distritos más alejados, identificando necesidades y planificando soluciones sin esperar que la presión social obligue a reaccionar.
El compromiso anunciado por el Gobierno Regional para priorizar el proyecto y avanzar en el expediente técnico es un paso importante, pero no suficiente. Macate ya ha escuchado promesas antes. Lo que hoy se exige son plazos claros, presupuesto asegurado y seguimiento transparente. La credibilidad institucional se construye con obras concretas, no con anuncios.
Además, la planificación regional debe tener un enfoque de equidad territorial. Los distritos más alejados suelen quedar relegados frente a aquellos con mayor población o mayor visibilidad política. Sin embargo, el desarrollo sostenible exige cerrar brechas donde estas son más profundas.
Macate necesita carreteras, sí. Pero también necesita políticas sostenidas en salud, educación y saneamiento. Necesita inversión pública que no solo conecte caminos, sino que conecte oportunidades. El mensaje de sus pobladores ha sido claro: no quieren privilegios, quieren igualdad de condiciones para progresar.
El reto ahora está en manos de las autoridades regionales. Escuchar es importante; cumplir es imprescindible.

