La construcción del hospital El Progreso vuelve a estar en el centro del debate público. El anuncio del Programa Nacional de Inversiones en Salud de que la obra supera el 68 % de avance y ha ingresado a la etapa de acabados e instalaciones técnicas genera expectativa, pero también obliga a recordar que este proyecto ha tenido un camino más largo y complicado de lo previsto.
Cuando se anunció la construcción de este establecimiento de salud en la región de Áncash, la población esperaba que la obra se ejecutara dentro de los plazos establecidos. Sin embargo, el tiempo ha demostrado que el proyecto enfrentó diversos problemas administrativos, técnicos y contractuales que terminaron por extender los cronogramas iniciales. Hoy, a más de cuatro años y medio de su inicio la obra comenzó en julio del 2021, el hospital aún no está terminado.
Además, el proyecto ha pasado por dos procesos de licitación, situación que refleja las dificultades que muchas obras públicas enfrentan en el país cuando surgen cambios de contratistas, observaciones técnicas o problemas en la ejecución. Estos factores, lejos de ser excepcionales, se han convertido en parte de una realidad que retrasa la entrega de infraestructura esencial para la ciudadanía.
Ahora el hospital ha ingresado a una etapa decisiva. Los acabados finales y la instalación de los equipos biomédicos son procesos altamente especializados que requieren precisión técnica y una adecuada coordinación. En esta fase no pueden existir errores ni improvisaciones, porque de ello dependerá que el establecimiento pueda entrar en funcionamiento de manera oportuna.
La experiencia reciente en el hospital de Huarmey es un ejemplo que no debe repetirse. Allí, la instalación y puesta en marcha de equipos médicos ha generado retrasos que ya se acercan a un año, evidenciando que culminar la obra civil no significa necesariamente que el hospital esté listo para atender a la población.
Por ello, lo que corresponde ahora es que las autoridades del Ministerio de Salud del Perú y del PRONIS mantengan una supervisión estricta de la etapa final del proyecto. La transparencia en los plazos, la correcta instalación del equipamiento y las pruebas de funcionamiento serán claves para evitar nuevas demoras.
El hospital El Progreso es una obra esperada por miles de ciudadanos que necesitan servicios de salud oportunos y de calidad. Después de tantos retrasos, lo que la población exige es simple: que esta vez los compromisos se cumplan y que el hospital finalmente abra sus puertas. Porque en materia de salud, el tiempo perdido siempre termina pagándolo la gente.

