Por: Walter Miguel Quito Revello
Por estos días el calendario avanza silenciosamente hacia el 31 de diciembre, fecha en la que terminará el mandato del gobernador regional. Y cuando uno revisa con serenidad estos años de gestión, surge una pregunta inevitable: ¿Qué hizo realmente por Chimbote y por la provincia del Santa? La respuesta, lamentablemente, es incómoda: muy poco o casi nada.
Porque gobernar no es inaugurar oficinas, cortar cintas o dar discursos. Gobernar es resolver los problemas históricos de una región. Y en el caso de Chimbote, esos problemas tienen nombre propio desde hace décadas: el puerto de Chimbote y el proyecto Chinecas. Dos motores de desarrollo que han sido prometidos por todos los políticos… pero ejecutados por ninguno.
El puerto de Chimbote, que en otro tiempo fue uno de los más importantes del Perú, sigue esperando una verdadera modernización. Mientras otros puertos del país se fortalecen y se integran a las rutas comerciales internacionales, Chimbote continúa mirando el mar con nostalgia, recordando lo que fue y preguntándose cuándo volverá a ser.
Durante estos años de gestión regional se habló mucho, se anunciaron proyectos, se mencionaron estudios. Pero al final del camino, cuando se revisa la realidad concreta, el puerto sigue igual de postergado. Y el tiempo, que es el juez más severo de la política, termina diciendo la verdad.
Pero si hay un símbolo del fracaso político en Áncash, ese es Chinecas. Un proyecto que podría transformar la economía regional, generar empleo, ampliar la frontera agrícola y darle futuro a miles de familias. Un proyecto que ha sido usado durante décadas como bandera electoral, discurso de campaña y promesa fácil. Sin embargo, cuando pasan los gobiernos, lo único que queda es lo mismo: estudios, anuncios y más anuncios.
Hoy, incluso, el tema parece haber desaparecido del debate político. Los nuevos aspirantes al poder apenas lo mencionan. ¿Por qué? Porque saben que la gente ya no cree. El pueblo ha aprendido a reconocer las promesas que solo sirven para ganar elecciones.
Y así llegamos al final del mandato regional. No con una gran obra que cambie el destino de la provincia. No con un proyecto histórico que marque una época. No con una decisión valiente que transforme la realidad de Chimbote.
La tarea pendiente. Pero más allá de las personas y de los cargos, hay algo que sigue pendiente: el futuro de la provincia del Santa. El puerto de Chimbote y el proyecto Chinecas no son simples temas técnicos. Son la base del desarrollo económico de toda la región. Mientras no se resuelvan, Chimbote seguirá esperando el progreso que tantas veces le han prometido. Y por eso la pregunta no es solo qué dejó el gobernador que se va. La verdadera pregunta es otra: ¿Quién tendrá finalmente el coraje de convertir esas promesas en realidad? Porque Chimbote ya no necesita más discursos. Necesita decisiones.

