Por: FERNANDO VALDIVIA CORREA.
En una semana, los peruanos sabremos quienes serán los dos candidatos que pasarán a la segunda vuelta, y solo uno de ellos juramentará el 28 de julio entrante como Presidente Constitucional de la República. Esta campaña, peculiar en cuanto a número de postulantes (35), como de promesas, la mayoría grandilocuentes para la platea como la “lucha frontal contra la corrupción”, o “pena de muerte para los sicarios”, entre otras, llega a la recta final. En primera instancia.
En este abanico de personajes encumbrados, sorpresivamente va teniendo mayor visibilidad Carlos Álvarez, de la agrupación “País Para Todos”. Con amplia trayectoria humorística, decidió incursionar en la política aspirando en su primer intento llegar a ocupar el sillón de Pizarro. Vítores para esta valentía, aunque surge la dudosa interrogante, ¿tendrá méritos suficientes para ocupar la Jefatura de Estado en los siguientes cinco años?.
El connotado periodista Aldo Mariátegui recientemente le respondió al gran cómico a través de su columna en el diario Perú21 diciendo “no eres más que un aventurero sin mayor mérito, porque tu currículum es pobrísimo: apenas terminaste el colegio, no tienes estudios universitarios y nunca has dirigido una empresa ni ocupado un puesto estatal (…); eres un simple imitador”. Bueno, podríamos coincidir en que Aldo se fue de lengua; o mejor dicho de pluma, pero razón no le falta en el sentido de la falta de preparación académica del nobel político. Más de cuatro décadas contando chistes (incluyendo parodias), recorriendo el Perú mostrando su talento innato (como él mismo refiere), y no se dio tiempo para estudiar una carrera técnica, o algún curso, seminario, taller, etc., sobre gestión pública. Eso sí, tiene buenas intenciones dirán quienes lo respalda. Sí, y el infierno está llena de ellas, como reza un dicho añejo. Y, tomar decisiones sobre ejecución del gasto del presupuesto anual de S/ 268 mil millones (PIM 2026), con tal solo quinto de media. Vamos Carlos, en serio mano, pudiste haberte esforzado un poco más.
Y esto último resulta consistente con su discurso monótono en pleno debate al plantear la “ley de recompensa para quien denuncia hecho comprobado de corrupción”. ¿Cómo?, salvo la flagrancia (no habría recompensa, pues el funcionario o servidor público presuntamente coimeado sería inmediatamente detenido y puesto disposición del fiscal), la judicatura es la ÚNICA institución que impone sanción penal al burócrata que delinquió con el erario nacional, previo cumplimiento del debido proceso (entre ellos, el derecho de defensa que le asiste).
En adición, en mayo pasado se inició el juicio por colusión agravada contra Vladimir Meza y otros exfuncionarios y empresarios de Huaraz, tras su paso por la alcaldía provincial de la citada ciudad. La fiscalía ha pedido 10 años de cárcel para el fundador del partido de Álvarez, debido a ilegalidades en la adjudicación de la obra Renovación de Redes de Agua Potable en la capital de la Región Ancash, valorizada en S/ 27 millones. No hay comentarios, ¿verdad Carlos?. Imaginaba. Para mis amigos todo….
Asimismo, a fines marzo declaró para Semana Económica que “tampoco se trata de rematar Petroperú”, agregando que el plan de reestructuración de la petrolera debe revisarse. Aparentemente, no tiene idea que la deuda financiera de esta malograda empresa asciende a más de US$ 5,300 millones, y que hace unos días el gobierno ratificó la privatización de la misma, condicionando eso sí con un salvataje (aval estatal) por US$ 2,500 millones; obvio, del bolsillo de todos nosotros. En esa misma entrevista cargó contra el Parlamento, amenazando con la disolución si bloquea reformas claves. De un lado, la intolerancia hacia el equilibrio de poderes, base de nuestra bien ganada democracia; y de otro, el desconocimiento de las atribuciones, deberes y responsabilidades como Jefe de Estado (asumimos que es por falta de preparación académica como está escrito). Todo esto, evidentemente no conjuga con su dizque amplio sentido del humor.
Carlos nos hizo reír a carcajadas por más de cuarenta años. Temo que ese tiempo no alcanzará, y que un eventual gobierno suyo nos hará llorar cuanto menos en el próximo quinquenio. Y de esto último, ese chiste no se cuenta solo.

