Editorial

Cuando la justicia corrige el rumbo

La reciente decisión de la Segunda Fiscalía Superior del Santa de rechazar el archivo de la investigación sobre la presunta venta irregular de terrenos vinculados al campus II de la Universidad César Vallejo marca un punto de quiebre importante en un caso que nunca debió cerrarse de manera apresurada.

No se trata únicamente de un trámite procesal. Lo que está en juego es la credibilidad del sistema de justicia frente a denuncias graves como estafa agravada, administración fraudulenta y falsificación de documentos. Cuando una investigación de esta magnitud se archiva sin una motivación suficiente, no solo se debilita el caso, sino que se erosiona la confianza ciudadana en las instituciones encargadas de impartir justicia.

La resolución del fiscal superior Guillermo Ferro Ramírez pone el dedo en la llaga: la falta de motivación adecuada en la decisión fiscal previa. Este aspecto no es menor. La debida motivación no es una formalidad, es una garantía constitucional que obliga a las autoridades a sustentar sus decisiones con argumentos claros, coherentes y ajustados a derecho. Sin ella, cualquier disposición pierde legitimidad.

En ese contexto, disponer la continuación de la investigación preliminar no solo es correcto, sino necesario. Más aún cuando se han identificado diligencias claves que no fueron realizadas, como la toma de declaraciones, la verificación documental, la inspección ocular y el peritaje de valorización de los terrenos. Ignorar estos elementos habría significado cerrar los ojos ante posibles irregularidades.

Ahora, el plazo de ocho meses para la investigación preliminar abre una nueva etapa que debe ser asumida con responsabilidad. El fiscal provincial tiene la obligación de conducir un proceso diligente, objetivo y exhaustivo. Ya no hay margen para omisiones ni decisiones apresuradas. Al término de este periodo, el pronunciamiento que se emita deberá estar sólidamente fundamentado, con base en pruebas y conforme a ley.

Este caso también pone en evidencia un problema recurrente: la sospecha de que el poder económico o político pueda influir en decisiones fiscales. Precisamente por ello, resoluciones como la adoptada por la Fiscalía Superior son fundamentales, porque reafirman la independencia del Ministerio Público y envían un mensaje claro: ninguna investigación debe cerrarse sin antes agotar todos los medios para esclarecer la verdad.

La ciudadanía no espera condenas anticipadas, pero sí exige investigaciones serias, imparciales y transparentes. La justicia no puede actuar con ligereza cuando se trata de hechos que involucran grandes intereses y afectan derechos colectivos.

Hoy, la investigación no se archiva: continúa. Y con ello, también continúa la oportunidad de demostrar que el sistema de justicia puede corregir sus propios errores y actuar con la firmeza que la ley y la sociedad demandan.