Editorial

Guerra avisada

Temporada veraniega:

Oficialmente la estación de verano comienza el 21 del presente mes, sin embargo todo indica que el aumento de la temperatura ya  empezó a caldear los ánimos en las playas El Dorado y Caleta Colorada, los dos escenarios de recreación de mayor concurrencia que existe en el distrito de Nuevo Chimbote.

Un grupo de propietarios de embarcaciones que se dedican al traslado de veraneantes por este hermoso circuito turístico, protagonizaron hace dos días  una bochornosa batalla campal  por no estar de acuerdo con el resultado del sorteo para los turnos de salida. Curiosamente, estas personas se hacen llamar “impulsores turísticos”, pero por lo que se podido observar  están muy lejos de responder a las exigencias de esta  actividad.

Conforme lo hemos informado en  este mismo espacio de opinión, la concurrencia de veraneantes a estos dos balnearios y el servicio de atención que necesitan, no pueden quedar al libre albedrío de la improvisación. Es obligación de las autoridades competentes tomar al toro por las astas y asumir sin titubeos  el manejo de estos espacios de masiva y creciente afluencia.

Desde diversos sectores de opinión, se ha sugerido la conformación de un grupo multisectorial  de trabajo que se encargue de establecer los lineamientos del uso de playas, y asimismo de dictar las disposiciones que considere pertinente  y de hacerlas cumplir. Nos referimos a la municipalidad distrital de Nuevo Chimbote, la Capitanía de Puerto, la fiscalía del ambiente y sobre todo la Dirección Sub  Regional de Turismo del gobierno regional de Ancash que, no obstante ser el organismo rector, se encuentra acéfala desde hace varios meses. La concurrencia de miles de personas a  estos dos espacios de recreación y sano esparcimiento, no puede mantenerse en manos del azar.

Experiencias como la que ha sucedido hace dos días, ya son frecuentes en ambos balnearios y el problema no solo viene de parte de los propietarios de las embarcaciones de paseo.  Ya el año pasado tuvo lugar un hecho similar protagonizado por los propietarios de quioscos de venta de comida. Ante la falta de autoridad, ellos también quisieron imponer  disposiciones a su antojo, sin más miramiento que el afán de lucro.

Es realmente inaceptable que simultáneamente con la construcción de una moderna carretera de acceso, no se haya previsto, por ejemplo, la instalación de una garita de vigilancia, servicio de salvavidas, un puesto de primero auxilios y asimismo una batería de servicios higiénicos, como existe  en todos los balnearios del mundo. Es inaceptable que veraneantes de todas las edades tengan que hacer sus necesidades fisiológicas ante la vista de todo el mundo.

Mientras que en El Dorado y Caleta Colorada no se imponga el principio de autoridad, los encargados de brindar atención a los usuarios van a querer imponer sus propias normas y eso es inaceptable. Lo mínimo que estas autoridades están en la obligación de proporcionar a los veraneantes es orden, limpieza y seguridad. Eso quiere decir que la guerra está avisada.