Opinión

Globalistas caviares en sus últimos estertores

Por:  Fernando Zambrano Ortiz

Analista – Político

En los últimos tiempos, hemos presenciado un cambio significativo en la dinámica política del país. Ni el Poder Ejecutivo ni el Congreso han cedido a las pretensiones de los grupos de izquierda progresista – comúnmente denominados “caviares”- que tradicionalmente han ejercido una influencia considerable en las políticas públicas y la sociedad en general. La clave de este giro radica en que quienes dirigen y conforman ambos poderes del Estado le han perdido el miedo que durante años fue su principal arma política para imponer sus reformas ideológicas.

Este cambio no habría sido posible sin la convergencia de grupos de derecha e izquierda en el Congreso, quienes han identificado a un enemigo común del país: los sectores progresistas de izquierda. Esta convergencia no implica una renuncia a sus principios ideológicos, sino un acuerdo estratégico para defender al país de una amenaza: el globalismo de izquierda progresista. Este enfoque se asemeja a la realpolitik que líderes como Trump y Putin han aplicado a nivel global para contrarrestar el progresismo en Europa, Canadá y otros lugares.

La realpolitik empleada por sectores de derecha e izquierda para combatir el globalismo progresista refleja una estrategia pragmática para defender los intereses nacionales y preservar las identidades culturales. En este sentido, la colaboración entre el Congreso y el Ejecutivo ha permitido revertir varias reformas progresistas. No se trata de una alianza política tradicional, sino de un acuerdo pragmático para proteger al país del progresismo y la globalización.

Por otro lado, la prensa concentrada ha demostrado un activismo político que no se basa en ideologías, sino en el afán de lucro. Como decía mi abuelo, “con billete baila el mono”. Han perdido millones que recibían a través de publicidad estatal y consultorías durante los gobiernos desde Toledo hasta Vizcarra, y ahora presionan para recuperar esa publicidad a costa del dinero de todos los contribuyentes.

La prensa concentrada moldea a su antojo a la opinión pública a través de la selección, presentación y hasta creación de hechos ficticios que convierten en noticias. De esta manera influye en cómo los ciudadanos perciben a los líderes políticos y las políticas públicas. Establecen la agenda informativa, decidiendo qué temas son relevantes y cuáles no, lo que afecta indebidamente la percepción pública de los asuntos políticos. De esta manera, consiguen la polarización política de la sociedad, al presentar noticias de manera sesgada o enfatizar ciertos aspectos para crear divisiones sociales.

El globalismo ha promovido una cultura mundial uniformada, lo que lleva a la pérdida de identidades culturales locales y tradicionales. Esta sin duda es la mayor amenaza a la libertad cultural y la diversidad. Por otro lado, para sus propósitos, ha fortalecido a actores no estatales, como grupos de la sociedad civil a los cuales financia vía cooperación internacional, para que influyan en las decisiones políticas y económicas de los países, erosionando aún más la soberanía estatal.

Este avance del globalismo-progresismo ha pasado por un retroceso en nuestro país. Están siendo arrinconados y tarde o temprano caerán, pues han perdido sistemáticamente el control de gran parte del Estado. Solo queda pendiente la Fiscalía, dirigida por una organización criminal que terminará tras las rejas, y el Poder Judicial, que, como dijo un magistrado hace años, está infestado de pro senderistas y caviares que deben sus cargos a la organización criminal que los colocó allí.

En resumen, el cambio político en Perú se caracteriza por una convergencia pragmática entre grupos políticos de derecha e izquierda para contrarrestar el progresismo, lo que ha llevado a una estabilidad relativa al país, pero también a desafíos para la democracia y la representación política.

En esta nueva dinámica política, donde se busca preservar nuestra soberanía y nuestra identidad cultural, el país y su democracia emergen fortalecidos frente al declive del progresismo de izquierda. Solo queda esperar a las próximas elecciones para consolidar la derrota definitiva de un progresismo que, tras un breve apogeo, se encuentra en sus últimos estertores en el Perú.