Editorial

JUICIO MOVIDO

Tal como lo había establecido la Sala Penal Nacional, la semana pasada se dio inicio al juicio oral que se sigue al ex presidente regional César Álvarez Aguilar, a ex funcionarios de su gestión así como a una gavilla de delincuentes, quienes han sido acusados por el Ministerio Público por haber asesinado al ex consejero regional Ezequiel Nolasco Campos.

No se trata de cualquier juicio o uno más de los muchos que registra la violencia política y la delincuencia organizada en el país, sino que es un proceso penal especial y de mucha significación e importancia para los ancashinos.

Se trata del juicio contra los responsables de un alevoso crimen que marcó un hito en la historia de nuestra región, aquel que significó la caída de una red criminal como la ha calificado la comisión de congreso que investigó la violencia política en Ancash y que, en líneas generales, cambió radicalmente el rumbo de la historia regional.

Ezequiel Nolasco, qué duda cabe, fue asesinado por sus enemigos políticos que encontraron en esta modalidad delincuencial la mejor manera de impedir que se siga mostrando como un elemento perturbador en el accionar de quienes desde el gobierno regional de Ancash fueron protagonistas de un lustro cargado de corrupción pero que pretendían seguir manteniéndose en los cargos.

Por ello es que la llamada que hizo el “Goro”, como se le conoce al delincuente Rubén Moreno Olivo, aquella noche del 14 de marzo del 2014, para preguntar si aún estaba vigente la recompensa por la cabeza de Nolasco, fue el inicio de una reacción decidida por parte de las autoridades para poner coto a quienes hicieron de la violencia y la criminalidad un mecanismo siniestro del poder.

Y es que tal como lo llegó a establecer la Policía Nacional en la prolija investigación que realizó aquel año, el “Goro” había recibido antes una llamada de un viejo conocido suyo, Jorge Loloy Valencia, más conocido como “Chino Malca”, quien le manifestaba que tenía en la mira a Ezequiel Nolasco y tenía a la “gente” que podría hacer el trabajo (asesinarlo) si es que aún estaban interesados en sacarlo de su camino.

El “Chino Malca” sabía de las intenciones de quienes formaban parte de la cúpula regional por eliminar a Ezequiel Nolasco, ya lo habían intentado cuatro años atrás y no lo consiguieron, por lo que ofreció un resultado distinto en la medida que estaba en el lugar junto a un sicario juvenil de Trujillo para hacer otro trabajo en la misma localidad de Huacho hasta donde había llegado el asesinado ex consejero regional.

Lo demás ya se conoce como fue, cuando el sicario Christian Cruzate Pereda (a) Colombiano”, recibe instrucciones y el arma asesina de “Chino Malca” y se introduce en el restaurante sigilosamente hasta identificar a Ezequiel Nolasco y asesinarlo de manera fría y despiadada.

Hay que tener en cuenta que no se trata de un invento de la Policía, esta historia responde al relato voluntario del sicario que llevó adelante este atentado criminal, fue el jovenzuelo capturado en la ciudad de Trujillo quien dio a conocer, con lujo de detalles, la manera como estaban organizados y cómo es que se ordenó el crimen de Ezequiel Nolasco.

Gracias a su manifestación se pudo establecer la verdadera historia detrás de este crimen que tuvo, ciertamente, connotaciones políticas, que estaba estrechamente vinculado a las autoridades regionales de entonces y que, a nadie le cabía duda, fueron los que ordenaron victimar al ex consejero regional.

Si se tienen cuenta que el sicario juvenil es un individuo que nunca antes había llegado a Chimbote, que jamás había escuchado hablar de un tal “Álvarez” y que no manejaba los apodos de los autores intelectuales, es evidente que su ponencia tenía asidero y fue sea esa fatídica y circunstancial manera como se concretó la muerte del enemigo político de César Álvarez, aunque éste niegue esto.

Sin embargo, con la existencia de colaboradores eficaces, de documentos y otras pruebas que corroboran los testimonios aludidos, se fue tejiendo esa siniestra historia que, obviamente, es rechazada por todos los acusados.

Lo curioso es que al iniciarse la audiencia el confeso sicario se haya levantado de su asiento y le pidió al presidente de la Sala unos minutos, lo que inicialmente no se le aceptó porque ya estaba en otra instancia del proceso, empero, a efectos que luego los defensores no aleguen un presunto recorte a su derecho a la defensa, se le permitió hacer uso de la palabra y lo hizo para dar a conocer ese trillado argumento del secuestro.

El jovenzuelo, desde que fue llevado al penal en donde estaban los presuntos autores intelectuales de este caso, cambió su versión y negó haber dado a conocer los alcances del atentado criminal, que ha sido la Policía y la Fiscalía los que lo obligaron a firmar, bajo presión, una manifestación que ahora pretende desvirtuar de plano.

Es el| mismo discurso que hemos escuchado a la abogada del principal acusado de este proceso, de allí que no llama la atención que todo ello forme parte de un libreto bien estudiado que muchos lo conocen a la perfección, que tiene demasiadas coincidencias entre individuos que dicen no conocerse pero que hablan el mismo idioma.

Por ello es que en la audiencia inicial y tras escuchar estos alegatos del sicario juvenil, la joven Fiorela Nolasco Blas, la hija del agraviado en este proceso, no pudo contenerse y se puso de pie a gritarle sus verdades, la joven que interviene en el proceso como parte civil no pudo sostenerse ante la montaña de mentiras que estaba dando a conocer y restregarle que le arrancó la vida a su padre.

Esta incidencia pudo ser controlada por los magistrados con un cuarto intermedio, empero, quienes hemos seguido con atención el audio de esta audiencia creemos que es el fiel reflejo de lo que se verá más adelante, un juicio bastante movido en el que aún resta escuchar los interrogatorios y las ponencias de César Álvarez así como de sus co-acusados.

Habrá que estar preparados para ello, para un vendaval de comentarios que solo buscarán la manera de perturbar la marcha del proceso. Habrá que estar atentos a todo ello.