Editorial

Editorial: ::: OTRORA PROTOTIPO :::

La Ugel Santa dispuso el inicio de un proceso disciplinario a un docente de la Institución Educativa “José Abelardo Quiñones” de la Urbanización Bellamar, luego de tomar conocimiento de la denuncia formulada por el padre de un escolar de apenas 12 años de edad, quien fue agredido con dos cachetadas en el interior del Plantel.

Los hechos se produjeron la semana pasada en el interior del citado plantel, cuando los niños jugaban en el patio como habitualmente lo hacen, empero, en este ínterin un pelotazo impactó en un estudiante, una desafortunada jugada que es producto de un hecho fortuito.

El menor que recibió el impacto era hijo del docente Neptalí Zapata Carranza, quien coincidentemente se encontraba cerca de este incidente, por lo que al ver lo sucedido se acercó al menor que había pateado la pelota y lejos de reaccionar como un hombre de bien que debería educar a los menores, lo que hizo es lanzarle una doble bofetada que hizo llorar al niño a quien llevaron de inmediato a la dirección.

El padre de familia del menor agredido, Miguel Ángel Linares Flores, acudió al centro educativo al ser comunicado de lo sucedido y advirtió la seria secuela que había dejado en su vástago la cobarde reacción del docente, razón por la cual no solo presentó su queja formal ante la Dirección del Plantel y ante la UGEL Santa, sino que se dirigió a la Comisaría para formalizar cargos de la cobarde agresión a un niño.

Sumamente indignado, el progenitor dijo que no estaba dispuesto a tolerar un hecho de este tipo y menos aun cuando había tomado conocimiento que el docente, de manera pusilánime, pretendía pedir perdón para que el hecho no trascienda más allá de un supuesto incidente, inclusive, señaló que el agresor llegó a su domicilio supuestamente arrepentido y sostuvo una acalorada discusión con su esposa.

Lo cierto es que al tomar conocimiento de estos hechos la UGEL ha iniciado el proceso administrativo a efectos de corroborar los cargos, reunir las pruebas, recibir los testimonios y manifestaciones de los involucrados y determinar una sanción que puede llegar a la destitución del docente en la medida que la violencia física se considera como una falta grave dentro de la actividad educativa.

En realidad no se entiende la reacción airada y salvaje por parte de un educador, el maestro ha sido formado para instruir y orientar a los educandos, es un hombre que no solo debe destacar por sus conocimientos que son los que transmite a las nuevas generaciones, sino que su desempeño irradia respeto y se convierte en el ejemplo a seguir.

Desde antaño los niños que van a la escuela quieren ser como sus maestros, en realidad un docente es considerado como un padre de los niños dentro de la escuela porque está llamado a guiarlos en la educación que compete en las aulas.

Sin embargo, si nos encontramos con un individuo que lejos de asumir su rol docente lo primero que hace, ante el error de un niño, es lanzarle una doble bofetada, entonces tenemos que colegir que ese personaje no está preparado para ejercer la docencia, menos aun cuenta con los valores suficientes como para ponerse a enseñar a otros.

Lamentablemente, en los últimos años el papel del docente está muy venido a menos, han aparecido sujetos desviados que han asumido la carrera docente y cuando llegan a estar al frente de una comunidad de adolescentes aprovechan su posición para seducir a las jovencitas, para presionarlas y extorsionarlas, algunos terminan abusando de ellas.

Existen otros que se dedican a los tocamientos indebidos, olvidan que su rol es la educación y se dejan llevar por bajos instintos que los descalifican por completo para el cargo, con el riesgo que terminen tras las rejas de un Penal en la medida que la protección de los niños tiene un especial régimen en las leyes de nuestro país.

Pero así como existen docentes a los que se califica como “mañosos”, también existen otros que son pasibles de denuncias falsas y atrevidas o de montajes que buscan que perjudicar a quienes se niegan a aprobar a ciertas alumnas que quieren vengarse de alguna manera contra quien las ha desaprobado.

Aparentemente, este es el caso del docente Ángel Miguel Alcedo Cabrejos, quien la semana pasada fue intervenido en el interior del Instituto Superior “San Pedro” atendiendo a la denuncia de una estudiante de 23 años de edad, quien alegaba que aquel trató de sobrepasarse con ella realizándole tocamientos indebidos en el interior de su oficina particular.

Los cargos señalaban que el docente citó a la estudiante a su oficina de la sexta cuadra del jirón Alfonso Ugarte con la finalidad de revisar su examen, ocasión en la que se excedió con ella tratando se abrazarla por la fuerza, por lo que se escapó y acudió de inmediato a denunciar ante la comisaría del sector.

Sin embargo, cuando el docente fue puesto a consideración del Juez con un pedido de prisión, el Juez advirtió que la estudiante que denunció los hechos había proporcionado una doble versión, no existía una coherencia sobre los hechos y no había acudido a la audiencia para despejar las dudas, por el contrario, por el lado del docente contaba con el respaldo de sus colegas quienes exaltaban sus cualidades morales, además que contaba con arraigo laboral y domiciliario como para presumir que no perturbará la acción de la justicia.

Por ello es que el Juez decidió dictarle comparecencia con restricciones y le impuso el pago de una caución, lo que quiere decir que el proceso penal se llevará a cabo con el docente en libertad y sería imprescindible que se deslinden estos hechos que lo único que consiguen es enturbiar una actividad que debería estar al margen de hechos de esta naturaleza como es la docencia.

Cierto es que a lo largo del año se han registrado otros incidentes que tuvieron como protagonistas a los maestros, empero, al finalizar este periodo nos encontramos con estos casos en los cuales está en tela de juicio el desempeño profesional de un docente, los cuestionamientos a su comportamiento que nos dicen que aquellos ya no son los otrora prototipo de personas que fueron en antaño, esperemos que esta actitud cambie, que se retome los modelos de antaño en el que un docente era tan respetado como un padre por los niños y jóvenes.