Editorial

Editorial: :: PERVERTIDO AL ACECHO ::

El pasado lunes 07 agentes de la Policía y el Fiscal Iván Cipriano Lozano detuvieron “in fraganti” a un sujeto en los mismos momentos que se aprestaba a captar a una menor de 11 años de edad para llevársela a un hotel de la localidad y ultrajarla, como lo había adelantado en los diálogos que sostuvo con aquella por la red social del Facebook.

Se trataba de Melzar Diomenes Carlos Breiding Vásquez, un sujeto de 55 años de edad que había seducido a una menor de solo 11 años a quien captó por el Facebook y la había citado en la Plaza de Armas para tener un encuentro, en su mochila estaba premunido de preservativos y material pornográfico, todo lo necesario para dar rienda suelta a sus depravados instintos.

Sin embargo, la madre de la menor había interceptado esos diálogos cargados de perversión en la cuenta de su hija, la interrogó sobre ello y la menor le dijo que este sujeto la estaba acosando permanentemente y hasta la había citado a la Plaza de Armas, por ello es que la mujer hizo lo correcto se dirigió de inmediato a la primera Comisaría con la cuenta de Facebook y denunció el hecho.

Fue entonces que advertidos de la cita que hizo el sujeto, la Policía y el Fiscal decidieron armar una celada no solo para identificar al pervertido sino para sorprenderlo en flagrante delito y de esta manera enviarlo al único lugar en donde debe estar es decir, tras las rejas del penal de Cambio Puente.

El operativo resultó exitoso tal como lo informaron los agentes policiales a la prensa, empero, existía un hecho que hacia mas repugnante y repulsivo este nuevo caso de perversión sexual, un agregado que convertía este caso en algo realmente preocupante en la medida que las niñas quedan expuestas por los crasos errores y las ligerezas de una administración de justicia que en su momento tuvo en sus manos a este hombre enfermo y lo dejó en libertad.

En efecto, apenas se pudo conocer que el sujeto intervenido tratándose de llevar a una menor de 11 años a un hotel para ultrajarla era el mismo pedófilo que fue capturado hacía cinco años atrás como parte de una red de pornografía infantil, a quien se le halló en poder de abundante material fílmico de ese sucio calibre y por ello fue detenido y condenado a seis años de prisión efectiva.

Estuvo confinado en el penal hasta el año 2016, es decir, por espacio de tres años cuando su abogado presentó un pedido de libertad condicional demandando que podría cumplir lo que le restaba de la sentencia en libertad en mérito al cumplimiento de ciertos requisitos que tuvo la osadía de acreditar mediante informes escritos.

En efecto, cuando se tramita beneficios penitenciarios como el mencionado la ley exige que un comité especial del instituto nacional penitenciario emita pronunciamientos de índole jurídico, laboral y psicológico a efectos de establecer si el recluso ha conseguido superar las vallas de la readaptación y se encuentra en condiciones de reinsertarse en el seno social.

Increíblemente, en el caso de Melzar Breiding los profesionales que tuvieron a su cargo esta evaluación concluyen señalando que cuenta con un record de buena conducta, que ha trabajado o estudiado en el penal y que su perfil psicológico evidenciaría que está en condiciones de volver a su hábitat anterior al de la reclusión.

Estos informes fueron los que sirvieron de base para que el Poder Judicial dispusiera la liberación de este sujeto apenas tres años después de haber sido detenido, cumplió apenas la mitad de la pena que se le impuso y dejaron que un enfermo sexual volviera a recorrer las calles al acecho de las niñas.

Y es que no puede ser que un sujeto que estuvo incluido en el tráfico de pornografía infantil, que sido detectado por el FBI en Estados Unidos al establecer que una de las líneas desde la cual se repartía este material pornográfico salía de una ciudad del Perú que era Chimbote y por cuya razón se pudo rastrear el paradero del detenido, podría haberse readaptado en el penal.

Eso solo se le puede ocurrir a los novelistas que necesitan material para poder desarrollar una historia cargada de ficción, pero no puede ser parte de las conclusiones de profesionales que están en condiciones de poder identificar las perversiones sexuales de una persona, es evidente que ese sujeto no ha sido evaluado psíquicamente, allí hubo algo extraño porque ahora se sabe que el maleante salió del penal solo para volver a trabajar con material pornográfico y acechar a las niñas en busca de ultrajarlas.

Incluso, estamos dispuestos a apostar todo contra sencillo que la niña de 11 años que permitió la detención de este enfermo sexual no ha sido la única víctima, asumimos que este sujeto debe haber captado y hasta ultrajado a otras menores que, por temor y ante las amenazas prefieren guardar silencio y no denunciar casos de este tipo.

Lo más triste es comprobar que la sociedad chimbotana está virtualmente desguarnecida, no hay quien vele por sus derechos, como que frente a la medida de libertad condicional que dictó una Juez, el Fiscal apeló como corresponde, sin embargo, la Sala Penal no llegó a revisar este caso porque el Fiscal Superior de entonces se desistió de la apelación formulada por su subalterno y permitió que los barrotes de la cárcel se abrieran para un pervertido sexual como Melzar Breiding.

Lamentablemente esta clase de actitudes torpes ante la ley, aquellas que transgreden los propios principios que sostienen la actividad del Ministerio Público, como que los fiscales son los defensores de la sociedad en juicio y deben velar por los menores de edad, no serán sancionadas nunca a pesar que ha expuesto a una menor a un ultraje que pudo darse si es que la madre de la niña no se percata del acoso.

De allí que si bien es cierto que Melzar Breinding ya se encuentra tras las rejas, este aciago pasaje de su captura en medio de una celada orquestada a tiempo, debe servir como ejemplo para analizar qué es lo que nuestras autoridades están haciendo para protegernos de la delincuencia, como se previene la comisión de futuros delitos si no existe capacidad para negarle la libertad a sujetos que evidentemente no valen para la sociedad y que son solo un riesgo y peligro. Los jueces y fiscales debieron advertir que estaban ante un pervertido al acecho y buscar la manera de mantenerlo tras las rejas por lo menos hasta que cumpla su condena. Los resultados saltan a la vista.