Editorial

Editorial: :: PROPUESTA COHERENTE ::

Ha transcurrido más de una década desde que los Chimbotanos escuchamos una y otra vez el manido proyecto de la reconstrucción total del hospital La Caleta, un caro anhelo de nuestra población que solo ha servido hasta el momento como la bandera electoral de muchos políticos y un asunto propio para las promesas en diversas campañas.

Y es que la necesidad de construir una nueva infraestructura se remonta a muchos años atrás, desde que los estragos de los diferentes fenómenos climatológicos pusieran al descubierto que sus ambientes ya habían colapsado y que el crecimiento de la población hacia necesario ampliar el nosocomio que desde sus inicios se ha denominado “el hospital de los pobres”.

Ello porque siendo un establecimiento de salud del Estado, es uno de los que alberga a los pobladores de menores recursos, aquellos que padecen enfermedades y no pueden concurrir a un consultorio particular y menos a una Clínica, por ello recalan en estos hospitales en donde, en el curso de los años, se ha implementado un seguro integral que permite a muchos poder acceder a una atención aun cuando ella resulte insuficiente o limitada.

Lo cierto es que el año 2007 el ex presidente regional César Álvarez Aguilar recogió un viejo proyecto que espera turno de alguna autoridad y lo presentó como uno de los principales objetivos de su gestión, inclusive, alguien hizo una maqueta de lo que sería el futuro nosocomio que fue concebido para ejecutarse en el mismo terreno en donde funciona a la fecha y por cuya ubicación lleva ese nombre.

Sin embargo, ya todos saben lo que ha sido la gestión de César Álvarez, un cúmulo de promesas y mentiras que llevaron al proyecto al lugar donde se encuentra, dando vueltas entre vistos buenos y objeciones porque se encargó la elaboración de su expediente a una consultoría que estuvo vinculada al empresario dominicano Fortunato Cannán, vinculado a los grandes negociados de aquel entonces.

Aquel fue uno de los primeros infortunios de este proyecto del cual en el curso de los años se descubriría que no era sino una burda copia de otros proyectos presentados por la misma consultora en otras regiones del país y que tenía la particularidad de haber sido escandalosamente sobrevalorado porque ese era, por entonces, el quid del asunto.

Pasaron los años y el proyecto quedó en veremos, la sociedad civil se organizó y formaron un comité pro construcción que con el respaldo de congresistas y autoridades del Ejecutivo fueron avanzando gestiones y trámites que entramparon su expediente, uno de ellos el relacionado a la necesidad de contar con un terreno.

Inclusive, se había tenido que sortear la tenaz oposición del gobierno de César Álvarez de buscar otro terreno pues tenían la intención de ejecutarlo en el mismo predio de La Caleta, posición similar a la adoptada años después por el gobernador (e) Enrique Vargas Barrenechea, todo lo cual significó retrasos al objetivo.

Sin embargo, las gestiones dieron sus frutos en la medida que después de evaluarse varios terrenos que podrían ser viables para el futuro nosocomio, se llegó a la conclusión que una parcela ubicada en el P.J. Dios de Mayo era la adecuada, inclusive, llegaron los técnicos del Ministerio de Salud que tras revisar su localización, sus medidas, calidad de suelo, etc., dio su visto bueno hace ya tres años.

Sin embargo, las idas y venidas nunca faltaron, el ingreso de la gobernación de Ancash de Enrique Vargas y Waldo Ríos fue un cero a la izquierda para este proyecto y por ello quedó entrampado hasta que llegó al cargo el Ingeniero Luis Gamarra Alor, quien entusiasmado por el apoyo que le brindó al proyecto siendo consejero se adelantó en anunciar que en 45 días adquiría el terreno que reclamaba el Ministerio de Salud como condición “sine qua non” ´para poder financiar la obra.

Quizás este entusiasmo dio lugar a que los propietarios del terreno pretensan sacar provecho de la situación y especialmente que el comprador es un ente del estado, por ello triplicaron los valores de los predios y pretendieron sacarse una suerte de lotería con esta venta, razón por la cual el Gobernador se negó a la compra, tal como lo expuso oportunamente a la sociedad civil.

Muchos lo apoyaron y otros lo cuestionaron, lo cierto es que no podría gastar tanto dinero en un predio rústico, en donde se tiene que habilitar todos los servicios, empero, fue entonces que el congresista Carlos Domínguez entra a tallar y consigue que el Ministerio de Educación se muestre dispuesto a donar un terreno que le pertenece al IPD y en donde en alguna oportunidad se dijo que se levantaría el Club del Pueblo.

La semana pasada se ha realizado en nuestra ciudad una audiencia pública descentralizada de la Comisión de Salud del Congreso de la Republica y en ella el Gobernador ha expuesto la propuesta técnica que haga viable nuevamente el proyecto, que el terreno del P.J. Dos de Mayo que cuenta con viabilidad por parte del MINSA se valorice a través de la ex Conata con lo cual el Gobierno Regional de Áncash lo adquiriría y la adecuación y actualización del expediente técnico que fue elaborado por la gestión de César Álvarez y que ahorraría dos años en su ejecución.

Todos los miembros de la comisión de Salud no solo se mostraron a favor que el hospital se ejecute en el P.J. Dos de Mayo sino que asintieron en las razones que dieron lugar a que el gobernador Luis Gamarra no acepte de buenas a primeras la compra del terreno y ahora lo encause con la vía de la ex Conata y la probabilidad de una expropiación.

Sin embargo, el congresista Carlos Domínguez insiste en el terreno del IPD a pesar que ello le costaría a la región no solo millones en la elaboración de un nuevo expediente sino una demora de dos o tres años más para cumplir este cometido.

Las autoridades deben haberse reunido el día de ayer en Lima para finiquitar la compra del terreno del P.J., Dos de Mayo, allí estuvieron los congresistas y los funcionarnos regionales, anhelamos que hayan llegado a un buen término pues lo que quiere la población no son nuevas propuestas o gestiones, lo que se demanda es que de una buena vez se ejecute este proyecto. Si ya se tiene el expediente, ya se tiene aprobado el terreno, existe la voluntad de compra del mismo, para que esperar más con las pretensiones de buscar otro terreno. Eso solo equivale a echarle tierra a un proyecto que espera muchos años.