Editorial

Editorial: ::: MAFIA AL DESCUBIERTO :::

La dirigencia del Mercado La Perla denunció la semana pasada a los miembros de la vigilancia de ese centro de abastos luego de detectar que venían clonando los recibos que extendían por concepto de ingreso de vehículos de carga pesada, taxis y otros conceptos por los cuales se cancela un derecho a los comerciantes.

El hecho se uso al descubierto cuando la dirigencia, hoy bajo la responsabilidad de Caerlos Ramírez Oroya, sospechaba de faltantes en el ingreso diario por las puertas del mercado y comenzaron a solicitar a los choferes de carga pesada por su ingreso sin que se haya registrado el pago respectivo.

Sin embargo, para sorpresa de los dirigentes, estos choferes les mostraban un recibo de pago, lo cual no se conciliaba con las cuentas debidamente declaradas y al efectuar una revisión n más exhaustiva se advirtió que esos recibos no contabilizados eran “clonados#”, es decir, se había excedido recibos con doble numeración con la finalidad de quedarse con la mayor parte de los ingresos por este concepto.

Por esta razón, la dirigencia ya ha denunciado penalmente a los vigilantes, ha dejado sin efecto el contrato de aquellos que estaban en esta condición legal y ha iniciado un proceso disciplinario a quienes habían quedado como servidores estables y tendrán que ser sometidos a los estatutos para poder defenestrarlos, al margen de la denuncia penal que corresponde en estos casos.

En realidad, no debe sorprender a la directiva que se produzcan hechos de esta naturaleza en un centro de abastos que a lo largo de su corta existencia ha sido un verdadero botín para los que se pusieron al frente del mismo, a los que asumieron su representación supuestamente para administrarlo y mejorarlo pero que solo sacaron provecho económico.

Muchos deben recordar que la primera Presidenta que fue designada en este centro de abastos no solo puso el mercado a disposición de los intereses políticos de las autoridades de entonces, del ex presidente regional César Álvarez Aguilar y el ex alcalde Luis Arroyo Rojas, habiendo desempeñado el cargo por varios años y terminó denunciada, procesada y condenada por los malos manejos que se descubrieron después que fuera cambiada por los nuevos dirigentes.

Tampoco pueden olvidar los lectores que hace solo unos meses este centro de abastos ha sido materia de intervenciones judiciales en las cuales se han producido desalojos de quienes estaban posesionados de ciertos puestos y ello fue consecuencia de una mafiosa venta que se había registrado en la gestión anterior.

Esto ha sido materia de denuncias y se ha publicado lo que ocurrió con el ex presidente de este centro de abastos, José Espinoza Melgarejo, quien a pesar de haber cesado en el cargo realizó venta de puestos sin que haya sido autorizado por la asamblea, lo hizo para quedarse con ese dinero que no era una cantidad menor si se tiene en cuenta que cada metro cuadrado está valorizado en 200 dólares en ese mercado.

Fueron en total 46 los puestos ilegalmente vendidos por la anterior dirigencia y por ello se planteó la denuncia penal respectiva ante el Ministerio Público, pues además descubrieron potros hechos irregulares, como la existencia de recibos de numeración repetida para justificar egresos de dinero que, es evidente, fueron a parar a los bolsillos de quienes manejaron dolosamente los intereses de este centro de abastos.

Por ello es que después de haber dejado la dirigencia, esos comerciantes que compraron los puestos sin respaldo alguno han sido objeto de juicios que han terminado con órdenes de desalojo que han debido realizarse en medio de las protestas de los afectados pero en cuya diligencia la actual dirigencia optó por ponerse al costado y no ha intervenido para nada en tanto que entiende que todo ello no solo fue son consecuencia de un accionar doloso e ilegal.

Por ello es que no sorprende que a estas alturas el mercado La perla se vea nuevamente envuelto en esta clase de acusaciones y de incidentes en los cuales estás de por medio el oportunismo y ventajismo, en donde la ambición del dinero se antepone a los intereses del crecimiento y la necesaria mejora de los servicios que presta.

El Mercado La Perla es uno de los centros de abastos más importantes de la ciudad, esto es evidente si se tiene en cuenta que su antecedentes fue del desalojado mercado informal de El progreso, de allí que es natural que allí recalen miles de compradores, no solo mas de casa sino hasta minoristas de otros mercados locales que se abastecen allí.

Lamentablemente, a pesar el movimiento comercial y económico que observa a diario, es lamentable que sus mejoras fueran aun incipientes, los pasajes de tierra permite que se levante una impresionante estela de polvo en los días que existe vientos pronunciados, lo cual deja mucho que desear para un establecimiento que a estas alturas, después de tantos años de operar, ya debería contra con los recursos suficientes como para darle las comodidades y facilidades a sus asiduos concurrentes.

Sin embargo, esta clase de manejos delincuenciales al interior del conocido mercado le restan posibilidades de mejorar, el dinero que debería recaudarse para emprender proyectos de mejoras se filtra de esta manera, entonces, quien resulta mas afectado a la larga es el sufrido usuario que debe soportar las terribles incomodidades que existen a la fecha.

Esperemos que la actual dirigencia pueda enmendar rumbos y, esencialmente, adoptar correctivos para que se impidan esta clase de robos sistemáticos, comenzando por el hecho de restarle atribuciones ciertas áreas que no deben ejercerlos, como por ejemplo, haber entregado facultades de recaudación al área de vigilancia cuando esa es una labor netamente administrativa, quizás ese solo hecho haya procurado esta suerte de desfalco que se ha producido en el mercado.

Afortunadamente, los responsables han sido ya denunciados y debe ser la autoridad judicial la que se encargue de sancionar a esta mafia al descubierto, a estos malos elementos en quistados en la vigilancia que hallaron la manera de llenarse los bolsillos a costa de los servicios que presta el mercado para el cual, paradójicamente, trabajan. Que respondan con todo el peso de la ley.