Editorial

EDITORIAL: ::: OTRO ENVION :::

El presidente de la republica oficializó ayer lo que ya era un secreto a voces, la ampliación del periodo de aislamiento obligatorio por dos semanas más, es decir, que se extenderá ahora hasta el 24 de este mes.

Es la cuarta oportunidad que el Gobierno se ve precisado a extender la cuarentena frente a la pandemia generada por el COVID 19, y, ello como consecuencia de la situación realmente difícil y complicada en la que se encuentra el país, con cifras que ponen los pelos de punta a cualquiera.

Justamente, esa ha sido al poderosa razón por la que el presidente y sus ministros se vieron empujados a tener que extender, una vez más, la estressante cuarentena en la que se encuentran los peruanos, aun cuando la medida responde a una necesidad sanitaria que algunos millones podemos comprender a expensas del escepticismo y los reniegos de otros tantos.

Sin embargo, si comenzamos este comentario reconociendo que todo esto se veía venir es porque ciertamente las estadísticas no recomendaban que “se suelten las amarras” y se deje que los millones de peruanos salgan a las calles que en estos momentos se encuentran sembradas del mortal virus.

Basta echar una mirada a las cifras que nos entregó ayer la Sala Situacional del MINSA para tener una idea de la gravedad del tema del COVID, pues en las últimas veinticuatro horas se totalizaron 61,847 casos positivos que han dejado ya 1,714 fallecidos, es decir, que en este periodo de un día murieron 87 personas más y se contagiaron 3,221 peruanos más.

Esta data de ayer viernes es importante en la medida que, si echamos una vista a los archivos, nos daremos cuenta que desde hace poco más de cuatro días los contagios se acumulan por más de tres mil por día y los fallecidos por casi cien a diario.

No sabemos si esta será la famosa curva de la que nos hablan los especialistas para identificar a ese momento en que el virus probablemente llegará a un pico más alto y se asentará en ese nivel para luego descender.

Aun cuando no fuera así, no se necesita ser especialista para entender que este no es el mejor momento para suspender la cuarentena pues si con el rompimiento de este régimen por parte de unos cuantos cientos de irresponsables nos va muy mal, dejar que todo el país salga a las calles es como invitarlos a que se contagien y masifiquen un virus que está encontrando muchas presas preferidas.

No podemos olvidar que en la víspera la presidenta del comando COVID en el país, Dra. Pilar Mazzeti, había reconocido que el tercer martillazo que dio el Gobierno, es decir, la tercera ampliación del régimen de aislamiento no había dado los resultados esperados y ello era consecuencia de los irreverentes que abandonaron la cuarentena cuando era el momento en el que se debería guarda más respeto a esta medida por las semanas difíciles que estábamos enfrentando.

Ayer el presidente ha dado a conocer nuevas medidas que buscan frenar ese fatídico y terrorífico avance que ha insertado el virus, ha señalado que se buscará desvirtuar los focos infecciosos como lo representan los mercados y los bancos y para ello ha reducido las horas de toque de queda de tal suerte que estas entidades puedan extender sus horarios de atención al público y permita descongestionar estos establecimientos.

En consecuencia, es evidente que este nuevo envión que ha decretado el Gobierno se caía por su propio peso. El país afronta en este momento una situación realmente angustiante, ha ingresado a la estadística mundial de los países más infectados por el COVID y no se puede dar el lujo de exponer todo lo que se ha soportado con una prolongada cuarentena dejando que todo el país salga a las calles a contagiarse de manera masiva. La prudencia y la cautela han sido siempre buenas consejeras. Ha llegado el momento de escucharlas.

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