Opinión

LA CIENCIA DETRÁS DE LAS VACUNAS

Por:  Ernesto Gozzer Infante (*)

Si los datos que acaba de entregar Pfizer-BioNTech a la FDA  confirman la seguridad y eficacia de la candidata a vacuna contra COVID-19, ésta sería la primera en ser autorizada para uso de emergencia en EEUU hacia mediados de diciembre de este año. Esta es una buena noticia, pero no debe hacernos olvidar que, como lo señaló el Dr. Inglesby, director del Health Security Center de la Universidad Johns Hopkins, en un simposio organizado por la Universidad Peruana Cayetano Heredia esta semana, todavía hay un largo período para que dejemos de usar las medidas preventivas actuales: ventilación natural, distancia, mascarilla y lavado de manos. Es importante recordar esto para no relajar las medidas que hasta ahora son las que han demostrado efectividad cuando son usadas correctamente.

El desarrollo de esta vacuna no tiene precedentes pues usualmente este proceso dura usualmente entre 4 y 27 años, con un promedio de 10 años. En este caso se habría desarrollado una vacuna eficaz y segura en menos de un año.  La técnica que usa es que se inyecta una porción de código genético que actúa como mensajero en las células humanas (mRNA) y las induce a producir la proteína S (espícula) de la membrana del virus. Con eso el organismo reacciona después de algunos días produciendo “defensas” para neutralizar a todo agente con las mismas características, eso queda grabado en unas células con memoria específica. Es por eso que cuando más adelante entra el verdadero virus, el cuerpo lo reconoce y neutraliza.

Curiosamente, el desarrollo de la plataforma tecnológica tiene relación con situaciones negativas como los atentados del 11 de septiembre de 2001 y los ataques con ántrax en EEUU, así como con la aparición del SARS en Asia en el 2003. Estos hechos llevaron a que EEUU invirtiera en la investigación de tecnologías innovadoras para enfrentar potenciales ataques de bioterrorismo. En el 2005 los doctores Kariko y Weissman lograron desarrollar un mecanismo para usar el ARN mensajero (mARN) en células humanas. Al día siguiente de la publicación del genoma del SARS-CoV-2, el virus que produce el COVID-19, el Dr. Fauci del Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas (NIAID) le preguntó a Moderna si podía desarrollar una vacuna contra ese virus usando mARN. Ahí empezó la carrera por el desarrollo de este tipo de vacunas. Los primeros resultados fueron muy prometedores y las compañías decidieron producir la vacuna antes que sea aprobada corriendo el riesgo de perderlo todo si es que no les dan la autorización, es por eso que se podría empezar a distribuir -al menos en EEUU- tan pronto obtengan la autorización.

Recordemos que no hay soluciones mágicas. Producir estas vacunas ha costado muchos años de investigación realizada por grupos de científicos de varios países. Tampoco es posible detener esta pandemia con una sola medida. La pandemia debe ser enfrentada con las medidas preventivas que debe seguir la población y las de vigilancia y contención que debe realizar el Estado: como mínimo detección temprana usando pruebas que encuentren el virus (moleculares y antígenos, no serológicas) para aislar a los pacientes y poner en cuarentena a  sus contactos buscar la fuente y cercar al virus para evitar que se siga expandiendo.

(*) Profesor Asociado

Universidad Peruana Cayetano Heredia