Editorial

ESTA VEREDA ES MÍA

Una información  aparecida en nuestra edición de ayer da cuenta de un hecho que, a  pesar de su peligrosidad,  se ha convertido en algo tan común que ya ni siquiera llama la atención. Los propietarios de un establecimiento dedicado a la venta y cambio de lubricantes ubicado en la transitada avenida Camino Real, no tienen ningún problema en  permitir que los vehículos que requieren de este servicio ocupen todo el ancho de la vereda, obligando a los peatones a tener que invadir la pista.

Pero este mayúsculo  despropósito no solamente se da en ese lugar. La invasión de veredas con fines comerciales y de otra índole se ha convertido en una perniciosa mala costumbre  que se puede observar indistintamente  en todo Chimbote y Nuevo Chimbote, todo ello ante la más absoluta indiferencia de la autoridad municipal. No son uno,  ni dos, son miles los comerciantes que en forma descarada y prepotente se han adueñado de la vía pública y han hecho de ella una virtual ampliación de sus respectivos establecimientos comerciales.

Conforme lo hemos comentado en reiteradas oportunidades, este es un problema de nunca acabar.  Nos estamos refiriendo a un problema de autoridad y orden urbano, el mismo que ya no puede pasar por desapercibido. Pero lamentablemente, en vez de ser erradicado, cada día se intensifica más. Diariamente lo podemos ver a todo lo largo de las cuadras 7, 8 y 9 del jirón Manuel  Ruiz, donde los comerciantes no tienen el menor inconveniente en ocupar la vereda a su libre albedrío, colocando en ella toda clase de sanitarios y otros materiales de construcción, incluyendo enormes montículos de ladrillos y  agregados. Esto solo se puede ver en Chimbote.

Lo mismo sucede a ambos lados de la sexta cuadra de Gálvez, que desde hace muchos años se mantiene convertida en una gran sala de exhibición de toda clase de muebles de madera. Ni qué decir de las calles adyacentes al mercado modelo, allí donde el comercio ambulatorio de ropa y otros enseres, además de comidas y bebidas, ha vuelto a imponerse como en antaño.

El mismo desbarajuste se pude observar en todo el contorno del ovalo La Familia y el mercado Buenos Aires de Nuevo Chimbote, donde todo el mundo hace lo que le da la gana. Las ferreterías y locales dedicados a la venta y reparación de mototaxis, también se han adueñado de todo el ancho de las veredas y bajo ningún concepto  aceptan el reclamo que los peatones.  ¡Quéjense donde sea! es la respuesta. Alguien les ha hecho creer que son intocables  y razón no les falta.

Siguiendo este pésimo ejemplo, los propietarios de vehículos particulares, tanto de las urbanizaciones como de otros sectores de la ciudad, tampoco tienen el menor remordimiento en estacionar autos y camionetas  en toda la vereda, como si ésta fuera una cochera de su propiedad. Por la mente de estos señores no pasa la idea que su abusiva actitud impide el libre tránsito de sus propios vecinos, sin importar si son niños, minusválidos o personas de la tercera edad.

Si por un lado existe una falta de cultura cívica y empresarial por parte de los comerciantes y malos vecinos, lo  más censurable que se puede observar en medio de este caos generalizado es la falta de autoridad municipal. Algo irregular debe estar  sucediendo al interior de la Municipalidad Provincial del Santa y de la Municipalidad Distrital de Nuevo Chimbote, para que este problema  no solo se mantenga inalterable sino también amenace con  agravarse.

Si la autoridad municipal prefiere hacerse de la vista gorda, como lo ha hecho hasta hoy, no estaría demás sugerir a la Cámara de Comercio que haga una invocación pública en procura del ordenamiento urbano y particularmente para crear una cultura empresarial. Nadie tiene derecho a decir “esta vereda es mía”.