Opinión

MESURA DINA, MESURA

Por: Fernando Valdivia Correa (*)

Una de las notorias características de la personalidad de Dina Boluarte Zegarra es su locuacidad. Dice lo que piensa, a toda hora y a cuanto medio de comunicación le ponga un micrófono. Que bueno que sea así. En parte. Sí, porque a partir de marzo de 2018 (renuncia de PPK) tuvimos como mandatario a un inefable personaje que, aprovechando el Covid-19, nos mantuvo encerrados durante meses sin razón alguna, en tanto que literalmente “hacia de las suyas” con las compras fraudulentas de las pruebas rápidas, amén de ser el responsable directo de la muerte de más de doscientos mil compatriotas por el cruel manejo de esta pandemia (ej. la absurda disposición dada por Vizcarra a inicios de abril de 2020 en que los varones circulasen los lunes, miércoles y viernes, mientras que las mujeres los martes, jueves y sábados). Luego de la contundente vacancia (105 votos), y la abrupta salida de Manuel Merino, ingresó Francisco Sagasti, entonando versos poéticos al dirigirse a la población, aunque radicalizando su accionar al disponer el ilegal pase al retiro de 18 Generales PNP, quienes hasta hoy claman justicia. Ocho meses estuvo en el poder, y no hizo nada (ni una sola piedra puso para alguna obra), pero sí continuó con las draconianas medidas sanitarias de su antecesor. Posteriormente, arribó Pedro Castillo, quien en honor a la verdad no hablaba, sino balbuceaba y lo poco que podía entendérsele eran frases incoherentes (el clásico e incomprensible cuento que “si el pollo está vivo o muerto”, que en realidad ya nunca lo sabremos). En ese panorama apareció Dina, la exvice, pretendiendo explicar (y convencer) que siempre apoyó y aconsejó al ilustre chotano (en buen romance que fue leal, cosa que no es cierto) y que ahora ella dirige un “nuevo” Ejecutivo. Así, quiere caerle bien a todos. Y sabemos que eso, en la vida real, incluyendo desde luego a la política, no es posible.

En el plano internacional, como bien refiere El Comercio, la exfuncionaria del RENIEC empieza su gestión con la mitad de los presidentes latinoamericanos en contra. Aquí caben, por lo menos, dos explicaciones. La primera es que estos gobernantes son de tendencia izquierdista (radical) y lo segundo es el desmedido afán de protagonismo. Sucede con López Obrador, cuyo país vive uno de los episodios más cruentos producto de la narcoviolencia (solo a inicios de este año han muerto 240 personas, sin contar los recientes 30 fallecidos en la balacera producida a raíz de la detención del hijo del “Chapo” Guzmán en la madrugada del 5 de los corrientes). Ocurre lo mismo en Colombia, pues al finalizar el año Gustavo Petro declaró haber un alto al fuego con el ELN. Dos días después, la propia guerrilla lo desmintió, quedando obviamente en ridículo. Y también pasa algo similar en Bolivia, toda vez que es evidente la persecución judicial a opositores al gobierno de Luis Arce (muy cercano al cocalero Evo Morales), con amañados procesos en contra de la exmandataria Jeanine Añez (condenada injustamente a 10 años de cárcel), así como el reciente apresamiento del gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho. Inclusive, dos Parlamentarios (el español Víctor González, del partido Vox, y el chileno Luis Fernando Sánchez, del Partido Republicano) fueron expulsados del país altiplánico por pedir que se respeten sus derechos humanos, acusados de cometer delito de “intromisión”. Como suele decirse, estos controvertidos políticos tienen “sus propios demonios”, y responder los agravios lo único que logrará la señora Boluarte es darles cabida en el país y victimizarlos ante la comunidad internacional.

En el frente interno, no le va mejor. El 30 de diciembre, la extitular del MIDIS llegó inesperadamente al Cusco para reunirse con diversos periodistas de la región; sin embargo, esto no fue del agrado de toda la ciudadanía por los recientes hechos luctuosos acaecidos. Asimismo, vía redes sociales, ha saludado que la fiscalía de inicio a las diligencias respecto de las manifestaciones del mes pasado. En este punto debemos enfatizar que es lamentable la existencia de muertos. No debió ocurrir, es cierto. Aunque también es válido afirmar y recalcar que tenemos el deber de respetar el Estado de Derecho en nuestro país y eso pasa por velar por la integridad de los valerosos policías y miembros de los Fuerzas Armadas, así como el cuidado de la propiedad pública y privada. Y, en estas movilizaciones hubo “gente no pacífica” que agredió a las fuerzas del orden y quemó comisarías, ambulancias, automóviles particulares, etc. Y eso NO es correcto. Por ello, agradecer a un organismo constitucionalmente autónomo que cumple su deber no solo es redundante, sino además podría ser interpretado como un “sacar cuerpo” por lo acontecido dejando en indefensión -una vez más y a merced de la caviarada- a nuestra PNP y FFAA.

Parafraseando a Sir Winston Churchill “Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar”. Esto necesita doña Dina en adelante, tras el mostrador, escuchando, tomando notas, dejando que sus ministros (u otros funcionarios) fijen posición y/o decidan conforme a sus atribuciones. Y, si luego de ello, quedase algo por aclarar, recién ahí podría intervenir, aunque mesuradamente. Ni palabras más, ni palabras menos.

(*) Abogado.