Editorial

UN HOSPITAL EN ESTADO DE COMA

El Progreso:

Si desde un primer momento todo se hubiera hecho en forma correcta, tal como lo  establecen las normas de  contratación con el estado, a estas alturas el hospital El Progreso ya estaría a punto de ser concluido y entrar en funcionamiento.  Lamentablemente, dentro de tan solo mes y medio se cumplirá dos años desde el día en que se dio inicio a la ejecución del hospital y hasta este momento, a pesar de haberse licitado en dos oportunidades  y  otorgado un  adelanto que bordea los 20 millones de soles, el avance de la obra no pasa de un insignificante 10 por ciento.

Entre tanto, una población que ya supera los 80 mil habitantes  y que hace más de veinte años espera la construcción de este nosocomio, no tiene a quien acudir ni  quien escuche sus reclamos. Por muy  inhumano que pudiera parecer, lo único que le queda a esta numerosa población es alargar las interminables colas de pacientes que se amanecen en busca de atención médica en otros hospitales,  no solo de Chimbote sino también  de Trujillo y otras ciudades del país.

Por todo eso, lo que sucede con el hospital El Progreso  hay que tomarlo con pinzas. Y no es para menos.  Con cada nuevo informe que emite la Contraloría General de la República, salen a la luz nuevas irregularidades en el proceso de ejecución de esta cuestionada obra.  Las anomalías van desde la elaboración del expediente técnico, pasan por la convocatoria a licitación pública, incluyen asimismo la firma del contrato y el otorgamiento del adelanto  de obra, para finalmente  concluir con la extraña paralización de los trabajos.

No se puede decir otra cosa de una obra que ha pasado por dos licitaciones. La primera con un presupuesto de 53 millones y la segunda con 62 millones. Pero en vista de estar nuevamente paralizada, es de suponer que para  la tercera licitación el presupuesto tendrá que ser  mayor.

Según el informe de Contraloría, inmediatamente después de la primera paralización el Programa Nacional de Inversiones en Salud, PRONIS, en su condición de unidad ejecutora fue advertido de una serie de irregularidades que, extrañamente, han servido de pretexto para la segunda paralización.

Como han declarado los representantes del Consorcio  Salud Progreso, ganador de la segunda licitación, el motivo de la nueva paralización sería la incongruencia que existe en el expediente técnico respecto a la colocación de aisladores sísmicos…¡el mismo pretexto que sirvió de sustento para la primera paralización!. ¿Cómo han podido PRONIS y el Consorcio Salud Progreso pasar por alto esta grotesca  irregularidad a la hora de firmar el contrato y acordar el otorgamiento de un adelanto de 20 millones de soles?. Todo ello a pesar que una de las dos empresas que integran el consorcio, ha reconocido que carece de solvencia económica.

Debemos agregar un problema mas y es que el actual contratista ha encontrado que el concreto de las losas construidas no tiene calidad. Es decir, el concreto que ejecutó y utilizó, el primer contratista. Los problemas no tienen cuando terminar.

La verdad es que al margen de las irregularidades de orden técnico y económico que continúan frustrando la ejecución del hospital El Progreso, existe un problema de ética que, por la salud moral del estado,  los funcionarios de  PRONIS están en la obligación de aclarar en todos sus extremos.