Opinión

NULO CRECIMIENTO Y AUMENTO DE POBREZA, PRINCIPALES PROBLEMAS A ENFRENTAR

Por: Víctor Andrés Ponce (*)

Luego de cerca de siete meses de haber enfrentado la peor amenaza al sistema democrático en las últimas dos décadas, el Perú parece volver a cierta normalidad en la celebración de las Fiestas Patrias. De alguna manera todos entendían que el discurso de la presidente Dina Boluarte iba a estar alejado de los exabruptos anticonstitucionales que solían desatar los pronunciamientos de Pedro Castillo, Perú Libre y el Movimiento por la Amnistía de Derechos Fundamentales. Y efectivamente, así fue. La naturaleza del mensaje de Boluarte fue democrática de principio a fin. Se puede discrepar, denunciar las inconsistencias y vacíos, pero se trata de un debate entre demócratas.

El Perú entonces comienza a sortear la peor amenaza que puede enfrentar un sistema constitucional, cualquier Estado de derecho: la amenaza bolivariana, que en la región ha devorado los avances de varias democracias. Las cosas dan para ensanchar el optimismo si consideramos que el camino insurreccional ha sido derrotado por la decisión de las mayorías de rechazar la violencia que destruye el Estado de derecho y las instituciones. Y de igual manera, también se ha derrotado la irresponsable y frívola campaña del progresismo que pretende señalar que debido a la desaprobación mayoritaria en las encuestas del Ejecutivo y el Congreso se debe adelantar las elecciones generales del 2006, como si el sistema republicano se asemejase a la lógica de una federación universitaria.

Creemos que el gran problema en el futuro de la democracia pasa, sobre todo, por dos temas definitorios: el relanzamiento del crecimiento y la construcción de una alternativa política que denuncie la devastación nacional que han causado el comunismo y el progresismo en el país, interrumpiendo tres décadas incesantes de avances y logros, más allá de los límites y yerros del modelo.

Un Gobierno que comienza a ser predecible como el de Dina Boluarte, inevitablemente, tendrá un efecto en la reactivación económica. Sin embargo, cuando la economía ha crecido en el primer semestre cero, cuando técnicamente el país ha entrado en recesión y cuando la pobreza se acerca al tercio de la población, es incuestionable que se necesitan medidas de urgencia, de contenido dramático. El Ejecutivo tiene que destrabar proyectos mineros (Tía María, Conga y los proyectos del norte) y lograr que se concrete Majes Siguas II y la tercera etapa de Chavimochic para habilitar 100,000 nuevas hectáreas para agroexportaciones. Sin embargo, la inversión no regresará al campo si no se restablecen los regímenes especiales tributario y laboral sancionados por la derogada Ley de Promoción Agraria (Ley 27360). Igualmente, se necesita avanzar en las obras públicas en las provincias del sur y garantizar las inversiones de prevención para enfrentar el fenómeno climático.

Semejantes medidas de emergencia económica pueden inyectar capital a una economía que empieza a entrar en recesión. Las nuevas inversiones crearán un nuevo clima, diferentes expectativas en los mercados. Casi paralelamente se debería comenzar a discutir reformas de mediano y largo plazo: la desburocratización del Estado, las reformas tributaria y laboral, las transformaciones de la educación, la salud y el avance en infraestructuras.

Sin embargo, las medidas de emergencia no relanzarán toda la potencia de la inversión para reducir la pobreza si los partidos democráticos no toman en serio la urgencia y necesidad de comenzar a organizar una alternativa electoral. Una alternativa que defienda el Estado de derecho frente a la amenaza bolivariana, pero que también critique los yerros e indolencias del Ejecutivo. Una alternativa, igualmente, que denuncie la responsabilidad de las corrientes comunistas y progresistas que llevaron al poder a Pedro Castillo para que inicie el camino de destrucción institucional y económica del cual comenzamos a salir.

Sin reformas y sin alternativa electoral viable, seguramente el Perú superará la sombra recesiva y regresará al crecimiento mediocre que no reduce la pobreza. Sin embargo, si ya derrotamos al proyecto del eje bolivariano y el camino insurreccional, ¿por qué, de una vez por todas, no nos proponemos hacer las cosas bien?

(*) Director de El Montonero (www.elmontonero.pe)