Editorial

Medio ambiente, una lucha a media caña

Defensa deja mucho qué desear:

Como hemos informado en nuestra edición de ayer, la Policía del Medio Ambiente  ha inaugurado un moderno local ubicado en la urbanización El Trapecio, donde funcionará la Unidad Desconcentrada del Medio Ambiente de Chimbote, lo que de lejos suena a una buena y esperanzadora  noticia. Si hay algo que para Chimbote y sus alrededores es motivo de honda preocupación, es precisamente la severa agresión que más de los días recae sobre el medio ambiente.

De ahí que resulta hasta cierto punto paradójico, que sea precisamente en las inmediaciones de la urbanización El Trapecio donde se  puede apreciar en toda su magnitud el daño que esta agresión ambiental  ocasiona al vecindario, sin que hasta el momento  exista un claro indicio de solución definitiva.

En las  inmediaciones de esta zona urbana,  funcionan varias fábricas pesqueras que se resisten a  acatar las normas de tratamiento y evacuación de sus aguas residuales, como lo disponen los reglamentos correspondientes.  Para no afiliarse al sistema de evacuación  de APROFERROL, que de alguna manera cumple con esa norma, estas fábricas pesqueras han encontrado una fórmula  más audaz pero efectiva para mantenerse al margen de la ley.

En forma clandestina, han conectado sus desagües industriales a la red de  desagüe domiciliario, saturándola de sanguaza y residuos químicos, y generando atoros,  reboses y fétidos olores que afectan a las viviendas y a la salud del vecindario. Solo ante  el reclamo de los vecinos,  recién Sedachimbote, la Municipalidad Provincial del Santa y otras instituciones afines  “descubren”  dichas conexiones; pero más tardan  los operarios  de estos organismos en clausurar las instalaciones clandestinas,  que las empresas pesqueras en volver a conectarlas. Que sepamos, la Policía del Medio Ambiente no aparece ni antes ni después de tales intervenciones.

Pero donde la labor de la Policía del Medio Ambiente también deja mucho qué desear es ante la frecuencia y la voracidad de los incendios que arrasan con la flora del Parque Metropolitano.  Ha  quedado plenamente establecido que estos siniestros no son resultado del intenso calor ni de la acción de gente de mal vivir, como se insiste en hacernos creer. Los incendios son provocados por las mismas personas que se dedican a la tala ilegal de este recurso natural, actividad de la que han hecho un negocio altamente lucrativo. Fieles a una costumbre ancestral, creen que la ceniza que deja el incendio es el mejor abono para que la vegetación renazca fortalecida.

No obstante que hace más de diez años estas personas  se encuentran plenamente identificadas y denunciadas ante la fiscalía del medio ambiente,  por extraños errores  en el proceso de investigación policial, las denuncias duermen plácidamente el sueño de los justos.

De esta manera, la lucha en defensa del medio ambiente de Chimbote y sus alrededores, que a estas alturas ya debería mostrar algunos resultados, se encuentra en un punto muerto, convertida en una lucha estéril, nada convincente y sólo a media caña. Fervientemente, deseamos que, con la puesta en funcionamiento de su nuevo local, la  Policía del Medio Ambiente, obtenga de una vez por todas un mejor resultado.