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Falleció Felipe Seminario Gallo, un médico de vocación y exdirector de Hospital III de Essalud

Descansa en paz y gracias por todo:

El Dr. Felipe Jesús Seminario Gallo dejó una huella imborrable en la medicina y en la vida de quienes lo conocieron. Falleció ayer a las 4.25 de la tarde, rodeado de sus seres queridos.

Nacido el 6 de febrero de 1944 en Talara, fue el sexto de nueve hermanos en una familia que le inculcó valores de esfuerzo y solidaridad. Desde niño mostró su pasión por el fútbol, una afición que lo acompañaría siempre, incluso durante sus años de formación académica.

Su vida tomó un rumbo decisivo cuando obtuvo una beca para estudiar medicina en La Habana, Cuba. Durante 18 años se formó como profesional de la salud, combinando su aprendizaje con su amor por el deporte, lo que le permitió viajar y conocer distintos países.

Su compromiso con su país quedó demostrado en 1970, cuando regresó como voluntario tras el devastador terremoto que sacudió el Perú. Luego volvió a Cuba para culminar su especialización.

En 1976, ya como médico, decidió establecerse en Chimbote, ciudad donde fundó su hogar junto a Mirtha Guibovich y donde construyó una sólida trayectoria profesional.

Laboró en la Clínica San Carlos (hoy San Pedro) y en el Hospital EsSalud III, donde ocupó cargos de médico, jefe de servicio, jefe de departamento y director, desempeñando cada función con entrega y dedicación hasta su jubilación.

Su destacada labor le valió reconocimientos, entre ellos la llave de la ciudad de Chimbote y un homenaje del Congreso de la República, que destacó su impecable trayectoria en el ejercicio de la medicina.

Más allá de su profesión, Felipe Seminario Gallo fue un hombre afable y generoso, apasionado por el fútbol, la buena comida y las largas conversaciones acompañadas de un café.

Cultivó amistades con facilidad y dejó una profunda enseñanza de vida a quienes lo rodearon. Su legado perdura en sus cuatro hijos, César, Melissa, Lizeth e Iván, así como en sus cinco nietos, quienes continúan su historia con orgullo.

Su partida deja un vacío, pero también el recuerdo de un hombre que vivió con pasión, servicio y una inquebrantable vocación de ayuda.