El avance del cronograma de las Elecciones Regionales y Municipales (ERM) 2026 marca un momento clave para la democracia peruana. No solo se trata de cumplir fechas, sino de consolidar un proceso electoral ordenado, transparente y predecible, algo especialmente necesario en un contexto donde la confianza ciudadana en las instituciones ha sido puesta a prueba en los últimos años.
El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha informado que el calendario electoral se viene desarrollando conforme a lo previsto, superando etapas iniciales como la afiliación política y avanzando hacia momentos decisivos como las elecciones primarias, la inscripción de candidaturas y la publicación de listas oficiales. Este cumplimiento no es un detalle menor: la disciplina institucional en materia electoral es uno de los pilares que sostienen la legitimidad de los resultados.
En paralelo, la reciente transferencia de más de 17 millones de soles, autorizada mediante el Decreto Supremo Nº 070-2026-EF, refleja un respaldo concreto del Estado al sistema electoral. Estos recursos permitirán al Jurado Nacional de Elecciones cumplir funciones esenciales como la fiscalización, la resolución de controversias y la garantía de legalidad en cada etapa del proceso. La previsión presupuestal, muchas veces invisibilizada en el debate público, es en realidad un componente fundamental para evitar improvisaciones y asegurar eficiencia.
Sin embargo, el cumplimiento del cronograma y la asignación de recursos no deben generar complacencia. La experiencia reciente ha demostrado que los problemas electorales no siempre derivan de la falta de normas o de presupuesto, sino de fallas en la gestión, en la coordinación entre entidades como la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el propio JNE, o en la capacidad de respuesta ante contingencias. Por ello, más que celebrar anticipadamente, corresponde mantener una vigilancia activa y una actitud crítica constructiva.
Asimismo, estas elecciones representan una oportunidad para elevar la calidad de la representación política a nivel regional y municipal. Las organizaciones políticas tienen la responsabilidad de presentar candidatos idóneos, con trayectoria limpia y propuestas viables, mientras que la ciudadanía debe ejercer un voto informado y consciente. El proceso de elecciones primarias, si se desarrolla con transparencia, puede contribuir a mejorar la selección interna de candidatos y reducir la improvisación.
Finalmente, el éxito de las ERM 2026 no dependerá únicamente de las instituciones electorales, sino del compromiso colectivo. Cumplir el cronograma y garantizar los recursos es el primer paso; el verdadero reto será traducir ese orden administrativo en confianza ciudadana. Solo así, el próximo 4 de octubre no será una fecha más en el calendario, sino una jornada que reafirme la vigencia de la democracia y la voluntad popular en todo el país.

