La alerta emitida por el Instituto del Mar del Perú (IMARPE) sobre la elevada presencia de juveniles de anchoveta durante la primera temporada de pesca industrial 2026 debe ser tomada con la seriedad que corresponde. No se trata de una simple observación técnica ni de una discusión aislada entre especialistas del sector pesquero; se trata de una advertencia científica que compromete el futuro del recurso hidrobiológico más importante del país y, por ende, el sustento de miles de familias vinculadas a la actividad pesquera.
Según el informe remitido al Ministerio de la Producción, en los primeros días de la temporada se registraron eventos de “enmallamiento” con presencia de juveniles cercanos al 40 % de los lances observados, una cifra considerablemente alta en comparación con temporadas anteriores. Además, el organismo científico advirtió que la tendencia de captura de anchovetas menores de 9 centímetros viene incrementándose desde el año 2016, lo que evidencia un problema persistente que no puede seguir siendo ignorado.
La situación genera preocupación porque la captura indiscriminada de juveniles afecta directamente la capacidad de reproducción y recuperación de la biomasa de anchoveta. En otras palabras, si se sigue permitiendo la extracción de ejemplares que aún no alcanzan su madurez, se pone en riesgo la sostenibilidad futura de la pesca industrial y artesanal en el Perú.
Lo más preocupante es que las alertas no surgieron únicamente desde el ámbito científico. Desde el inicio de la temporada, organizaciones y gremios de pescadores artesanales denunciaron públicamente la presencia masiva de juveniles en las zonas de pesca industrial. Sin embargo, sus advertencias fueron minimizadas y no recibieron una respuesta inmediata por parte de las autoridades competentes. Recién cuando el propio IMARPE confirmó técnicamente la gravedad de la situación, el tema comenzó a adquirir mayor relevancia nacional.
La controversia se intensificó tras la aparición y opinión de representantes de la SNP, generando cuestionamientos y protestas desde diversos sectores vinculados a la actividad marítima. Esto demuestra que el debate no solo involucra aspectos económicos, sino también la necesidad de garantizar una explotación responsable y sostenible de los recursos marinos.
En este contexto, el Ministerio de la Producción tiene la obligación de actuar con responsabilidad y priorizar el criterio técnico sobre cualquier presión económica o empresarial. El propio IMARPE ha señalado claramente que, de persistir la alta incidencia de juveniles y los eventos de enmallamiento, corresponde evaluar el cierre anticipado de la temporada en la zona norte-centro.
La historia pesquera del Perú ha demostrado que ignorar las recomendaciones científicas trae consecuencias graves. La anchoveta es un recurso estratégico para la economía nacional, pero también un componente esencial del ecosistema marino. Su sobreexplotación no solo afectaría a la industria harinera y exportadora, sino también a miles de pescadores artesanales y trabajadores que dependen de esta actividad.
La presencia de juveniles no se puede ocultar ni relativizar. Las evidencias están ahí y han sido confirmadas por el organismo científico oficial del Estado. Por ello, el informe del IMARPE debe prevalecer y las autoridades deben adoptar medidas inmediatas para proteger el recurso antes de que el daño sea irreversible.

