Por: Walter Miguel Quito Revello
Mientras desde Lima los lobistas fujimoristas, medios de comunicación habla de millones de dólares para comprar aviones de combate F-16 y fortalecer una supuesta “modernización militar”, en Áncash la verdadera guerra se pelea en hospitales colapsados, centros de salud abandonados y pueblos donde ni siquiera hay medicamentos suficientes para enfermedades que el Estado conoce desde hace décadas. Y lo más indignante es que no lo dice un opositor político ni un activista radical. Lo dicen los propios informes, denuncias y artículos periodísticos publicados en los últimos días.
El caso del Hospital de Casma es vergonzoso. Según las denuncias difundidas, el triaje de pacientes se realiza en un pasadizo porque no existe un ambiente adecuado. Es decir, personas enfermas esperando atención prácticamente en corredores improvisados, como si la salud pública fuera un favor y no un derecho.
En Chimbote, la situación del Hospital Regional “Eleazar Guzmán Barrón” revela otro nivel de abandono: ventiladores mecánicos inoperativos, escasez de medicamentos y hasta un solo ascensor operativo para todo el hospital. Un hospital regional funcionando casi por inercia, sobreviviendo más por el esfuerzo de médicos y trabajadores que por la capacidad real de gestión de las autoridades.
Y en Pallasca, la historia duele todavía más. La uta avanzaba mientras muchos pacientes se encontraban con la penosa realidad de no tener medicamentos suficientes para tratar la enfermedad. El propio Estado reaccionó tarde frente a una zona donde históricamente se sabe que existen brotes y riesgos sanitarios permanentes. Ese es el verdadero rostro de Áncash. No el de las conferencias de prensa. No el de las gigantografías. No el de las ceremonias con casco blanco y chaleco recién planchado.
La realidad ancashina está en los hospitales deteriorados, en las colas interminables, en los pasillos llenos de pacientes y en provincias enteras que sienten que el Estado solamente llega en época electoral. Y aun así, quieren convencernos de que la prioridad nacional son aviones de guerra. ¿Guerra contra quién? Porque aquí la verdadera batalla es contra el abandono, la corrupción, la incapacidad y el colapso de los servicios públicos.
A leguas también se nota el fracaso de varios congresistas ancashinos que ya prácticamente están de salida. Cinco años ocupando curules y Áncash sigue teniendo hospitales con carencias indignantes. Mucho discurso patriotero en Lima, pero muy poca defensa real de las necesidades de la región.
Y qué decir del gobernador regional. Mucha foto, mucha ceremonia, mucha presencia decorativa para la portada y el protocolo; pero para resolver los problemas profundos y estructurales de Áncash, nada. “Naca que la pirinaca”, como diría mi abuela.
Porque gobernar no es aparecer sonriente en inauguraciones simbólicas. Gobernar es evitar que un hospital colapse. Gobernar es garantizar medicamentos. Gobernar es impedir que pacientes sean atendidos en pasillos. Gobernar es reaccionar antes de que una enfermedad avance por provincias enteras.
Pero aquí pareciera que la política se ha convertido en un concurso de imágenes y anuncios vacíos, mientras el pueblo sigue esperando atención digna. Y así estamos: con hospitales abandonados, con enfermedades avanzando, con médicos trabajando al límite y con autoridades que parecen vivir en otro país.

