Editorial

El próximo presidente debe gobernar para todo el Perú

Los resultados electorales han configurado un escenario que ya se anticipaba complejo. Mientras la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) continúa publicando en tiempo real el avance del conteo oficial, queda claro que la diferencia entre los candidatos es estrecha y que las actas observadas que deberán resolver los Jurados Electorales Especiales (JEE) tendrán un papel determinante en la definición final de la contienda.

Este proceso demandará paciencia y responsabilidad de parte de todos los actores políticos y sociales. Sin embargo, también ha dejado al derscubierto una preocupante realidad: la persistencia de discursos radicales que buscan alimentar la confrontación en luga de contribuir a la estabilidad democrática. Algunas de esas expresiones ya se hicieron evidentes incluso antes de conocerse los resultados oficiales, cuando determinados grupos celebraban anticipadamente en espacios públicos, alentando una narrativa de victoria definitiva que no se correspondía con la prudencia que exige un proceso electoral aún en desarrollo.

Las redes sociales han amplificado estas posiciones extremas, mostrando nuevamente a sectores acostumbrados a la confrontación permanente y a la generación de escenarios de tensión política. El país conoce bien las consecuencias de estos comportamientos. A lo largo de los años, los discursos radicalizados han contribuido a profundizar divisiones, debilitando la confianza ciudadana en las instituciones y afectando la gobernabilidad que tanto necesita el Perú.

Pero más allá de quién resulte finalmente vencedor, existe un mensaje que emerge con claridad de las urnas: el Perú está dividido. Los resultados reflejan dos visiones del país, dos sensibilidades políticas y dos sectores de ciudadanos que demandan ser escuchados. Esa realidad no puede ser ignorada por quien asuma la conducción del Estado.

Por ello, el próximo presidente o presidenta tendrá la obligación histórica de gobernar para todos los peruanos y no únicamente para quienes respaldaron su candidatura. La democracia no termina el día de la elección; por el contrario, es a partir de ese momento cuando comienza el desafío de construir consensos y tender puentes entre posiciones distintas.

El país necesita un gobernante con visión de Estado. La Real Academia Española define al estadista como aquella persona con conocimientos o aptitudes para dirigir los asuntos del Estado y gobernar con visión de largo plazo. Quizá ninguno de los candidatos llegue a Palacio con ese reconocimiento ganado de antemano, pero las circunstancias exigen que quien resulte elegido se convierta en uno.

Eso implica rodearse de los mejores profesionales, convocar a los sectores más capaces, escuchar a las regiones, fortalecer las instituciones y anteponer el interés nacional a cualquier cálculo político o partidario. Significa también entender que la gobernabilidad no se construye desde la imposición, sino desde el diálogo y la búsqueda permanente de acuerdos.

El Perú no resiste otro quinquenio marcado por la confrontación, las crisis políticas y la inestabilidad institucional. Los ciudadanos demandan empleo, seguridad, salud, educación y oportunidades. Esos problemas no se resolverán en un ambiente de enfrentamiento constante.

Además el que llegue tiene otro problema que por ahora es agobiante y nos referimos a la seguridad ciudadana, ya que criminalidad y las extorsiones avanzan y por lo tanto  se tendrá que agotar esfuerzos enormes para combatir esa lacra que tiene a los peruanos acorralados.

La elección dejará un ganador, pero el verdadero desafío comenzará al día siguiente. El país necesita cerrar heridas, superar la polarización y recuperar la confianza en el futuro. Sin consensos no habrá paz social, y sin paz social será imposible construir el desarrollo que millones de peruanos esperan.