Editorial

El niño ya toca la puerta y las autoridades deben despertar

Los pronósticos ya no dejan espacio para la duda. La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) ha advertido que el Fenómeno El Niño Costero podría alcanzar una magnitud fuerte durante el verano 2026-2027. Las probabilidades son altas y los antecedentes recientes nos recuerdan el enorme costo humano, económico y social que puede generar un evento de esta naturaleza. Sin embargo, la pregunta que surge es inevitable: ¿estamos realmente preparados?

Cada vez que el país enfrenta una emergencia climática, se repite la misma historia. Las autoridades reaccionan cuando las lluvias ya han destruido carreteras, cuando los ríos se han desbordado y cuando miles de familias han perdido sus viviendas. Entonces aparecen las declaratorias de emergencia, los pedidos de ayuda y las explicaciones sobre la falta de recursos. Pero esta vez no existe excusa posible. El peligro ha sido anunciado con meses de anticipación.

El Gobierno Central, a través del MEF,  asegura contar con una línea de financiamiento cercana a los 2 mil millones de dólares para enfrentar las consecuencias de un Niño fuerte. Es una noticia positiva, pero el dinero por sí solo no evitará los desastres. Lo verdaderamente importante es cómo y cuándo se utilizarán esos recursos. La prevención siempre resulta más económica y efectiva que la reconstrucción.

En regiones vulnerables como Áncash, donde los efectos de las lluvias intensas suelen afectar carreteras, puentes, centros educativos, establecimientos de salud y zonas agrícolas, las acciones preventivas deberían estar ejecutándose desde ahora. La limpieza y descolmatación de ríos, el mantenimiento de drenes, la identificación de puntos críticos, el reforzamiento de defensas ribereñas y la preparación de planes de contingencia no pueden seguir esperando.

También corresponde a los gobiernos locales y regionales asumir su responsabilidad. No basta con participar en reuniones técnicas o emitir comunicados. La población necesita ver maquinaria trabajando, proyectos ejecutándose y medidas concretas para reducir riesgos. La experiencia demuestra que la improvisación tiene consecuencias graves y que las emergencias terminan golpeando con mayor dureza a los sectores más vulnerables.

La ciudadanía tampoco debe permanecer indiferente. La cultura de prevención debe convertirse en una prioridad. Las familias necesitan conocer los riesgos de sus sectores, identificar rutas de evacuación y mantenerse informadas a través de fuentes oficiales.

El Niño ya está dando señales claras de su presencia. Los científicos han hecho su trabajo al advertir lo que podría ocurrir. Ahora les corresponde actuar a quienes tienen la responsabilidad de gobernar. El tiempo para planificar se agota. Si las autoridades esperan a que lleguen las lluvias para recién reaccionar, una vez más estaremos lamentando pérdidas que pudieron evitarse. Hoy no hacen falta más diagnósticos; hace falta decisión, gestión y acción inmediata.