El inicio de una nueva gestión ministerial suele estar acompañado de diagnósticos preocupantes, pero pocas veces las declaraciones de una autoridad resultan tan reveladoras como las expresadas por el ministro de Salud, Luis Dyer. Al afirmar que ha encontrado un Ministerio de Salud “tecnológicamente en el año 1995”, el titular del sector no solo recurrió a una frase llamativa, sino que describió una realidad que explica buena parte de las deficiencias que enfrentan diariamente millones de peruanos cuando buscan atención médica.
La imagen de funcionarios grabando información en discos compactos o realizando procesos administrativos con papeles, sellos y firmas parece sacada de otra época. Sin embargo, según el ministro, esa sigue siendo la realidad de áreas tan sensibles como Digemid y Cenares, organismos responsables de garantizar la disponibilidad y el control de medicamentos en todo el país. Mientras el mundo avanza hacia la inteligencia artificial, la interoperabilidad de sistemas y las historias clínicas digitales, una parte importante del sistema público de salud continúa atrapada en procedimientos manuales que generan retrasos, ineficiencias y mayores posibilidades de error.
Más preocupante aún resulta conocer que el 54 % de los más de siete mil establecimientos de salud administrados por el Minsa no cuentan con acceso a internet. Sin conectividad resulta prácticamente imposible supervisar en tiempo real el abastecimiento de medicamentos, controlar la asistencia del personal de salud, monitorear equipos médicos o brindar servicios modernos a los pacientes. En otras palabras, la falta de infraestructura tecnológica termina convirtiéndose en un obstáculo para una atención eficiente y oportuna.
Pero las sorpresas no terminan allí. El hallazgo de millones de jeringas almacenadas desde la pandemia, ocupando más de un tercio del espacio disponible en Cenares y próximas a vencer, abre una interrogante sobre la calidad de la planificación y la gestión de los recursos públicos. Si, como anunció el ministro, la compra demandó cerca de 49 millones de soles, corresponde que los organismos de control determinen si existieron errores de cálculo, negligencia o responsabilidades mayores. En un país donde frecuentemente escasean medicamentos esenciales, resulta inaceptable que recursos tan importantes permanezcan inmovilizados por una deficiente programación.
No obstante, también existen señales alentadoras. El modelo desarrollado en el Hospital Dos de Mayo demuestra que sí es posible implementar sistemas modernos de gestión hospitalaria e historias clínicas electrónicas utilizando talento nacional. La intención de replicar esa experiencia representa una oportunidad para acelerar la transformación digital del sistema de salud, siempre que exista voluntad política, continuidad en las decisiones y financiamiento suficiente.
Sin embargo, el reto va mucho más allá de comprar computadoras o instalar programas informáticos. La verdadera modernización exige cambiar la cultura institucional, simplificar procesos, fortalecer la transparencia y capacitar permanentemente al personal. La tecnología solo produce resultados cuando viene acompañada de una gestión eficiente y de funcionarios comprometidos con el servicio público.
Cada paso que da el ministro Dyer parece descubrir una nueva deficiencia heredada durante años de abandono administrativo. Es positivo que estos problemas salgan a la luz y no permanezcan ocultos bajo la rutina burocrática. Pero los ciudadanos esperan mucho más que diagnósticos contundentes. Esperan resultados concretos. La salud pública no puede seguir funcionando con herramientas del siglo pasado mientras las necesidades de la población pertenecen plenamente al siglo XXI.

