Opinión

Dicen que las despedidas son muy tristes

Por:  FERNANDO VALDIVIA CORREA.

En estos momentos debe estar viviendo momentos de enorme incertidumbre. Con poco más de diez meses en el cargo, Oscar Arriola está al frente de la Comandancia General de la Policía Nacional del Perú (COMGEN). Aún.

Asumió el 30 de septiembre pasado, sucediendo al Teniente General PNP Víctor Zanabria, con Dina Boluarte en la presidencia. En su primera alocución prometió “fortalecer la inteligencia, investigación y criminalística para estar a la altura de los estándares internacionales en la lucha contra la criminalidad organizada nacional y transnacional”. Sí, lo dijo. Ya para ese momento, Vladimir Cerrón permanecía dos años en la clandestinidad luego que la Sala de Apelaciones de Junín lo condenó a tres años y medio de prisión por el caso “Aeródromo Wanka” en su condición de Gobernador Regional de Junín, revocada por la Corte Suprema; así como con dos órdenes de prisión preventiva en su contra. La primera, por colusión agravada en el caso “Antalsis”, también en su actuación como GORE Junín, anulada por la Tercera Sala Penal de Apelaciones Nacional; y la restante, por organización criminal y lavado de activos relacionados con la organización política Perú Libre. Ya en febrero de 2024, como Jefe de Estado Mayor PNP, Arriola había jurado capturarlo.

En los diez meses siguientes como máximo jefe de la Policía, insistió en lo mismo, llegando a afirmar a un canal de YouTube en mayo de este año que “ojalá Dios de tiempo para dar la buena noticia”. Sí, también lo dijo.

Hasta que llegó el 21 de julio. Sí, ese día el Tribunal Constitucional declaró fundado el habeas corpus promovido a su favor, ordenando su inmediata libertad, variándosele a comparecencia con restricciones por cerca de dos años. El último jueves, ante los medios de comunicación apostados en el local de Perú Libre, Cerrón Rojas se refirió a la tarea de la PNP “ha hecho sus esfuerzos, no es que no haya querido, pero, posiblemente, tenga malos informantes que le han hecho dedicar esfuerzos en lugares donde yo jamás he estado. Prácticamente, no me han ubicado y eso me preocupa en el sentido de que el país está totalmente desprotegido en la inteligencia electrónica”, en evidente afrenta al COMGEN. Más aún, admitió haberse comunicado en más de una oportunidad con José María Balcázar en tanto estaba escondido. Hasta el momento, el octogenario ex inquilino de Palacio de Gobierno no ha brindado declaraciones. Pero, ¿sabía de esto Arriola?. Debió.

Por su parte, Keiko volvió a manifestarse sobre la continuidad del Alto Oficial, precisando que “esa decisión no va a depender solamente de mí, sino también del Ministro del Interior con el que estamos en constante comunicación”. Hasta aquí, las cosas están bastante claras: la presencia en el puesto de Oscar Arriola es insostenible. Desde el punto jurídico, le quedaría poco menos de trece meses; sin embargo, en lo político, la percepción es muy diferente, pues la Jefe Supremo de la Policía Nacional del Perú NO lo quiere.

Nadie duda de su profesionalismo e integridad. Lo que está en tela de juicio es la idoneidad para seguir asumiendo tamaña responsabilidad. Y en esto último, los números no lo respaldan. La tasa de delitos feroces (entendiéndose secuestros, asesinatos, sicariatos, etc.) se han incrementado. Y, el “clavo en el ataúd” la puso el prófugo menos buscado del país. O, como expresa Mario Ghibellini, para El Comercio, “cansado de que no lo busquen, Cedrón decidió reaparecer”.

Sin importar cuál es la estrategia del Ejecutivo para enfrentar y frenar a estas lacras que siguen tiñendo de sangre los hogares de cientos de compatriotas, lo cierto es que don Oscar no encaja.

Por ello, bien dicen que las despedidas son muy tristes, aunque necesarias cuando se trata de salvaguardar la institucionalidad de nuestra benemérita Policía Nacional del Perú.