Editorial

Hospital El Progreso: Una década después, el Estado ha empeorado

Diez años. Una década completa ha transcurrido desde que el proyecto del Hospital El Progreso fue viabilizado y, sin embargo, el hospital todavía no está terminado. Diez años en los que han pasado gobiernos, funcionarios, contratistas, expedientes técnicos, modificaciones presupuestales y una interminable cadena de problemas administrativos. Pero hay algo que permanece invariable: la obra sigue inconclusa.

El proyecto, identificado con el CUI 228557, fue viabilizado el 27 de abril de 2016 con una inversión de S/ 43 millones. Hoy, una década después, el monto actualizado bordea los S/ 114.8 millones. Es decir, la inversión se ha multiplicado de manera considerable, mientras que la población continúa esperando recibir una infraestructura hospitalaria que debió estar funcionando hace varios años.

Y el problema no es solamente cuánto cuesta, sino cuánto tiempo demora el Estado en convertir una necesidad pública en un servicio efectivo para los ciudadanos.

Según el seguimiento de inversiones del Ministerio de Economía y Finanzas, el avance físico permanece en 68.53%, exactamente el mismo porcentaje registrado en julio. No hay avance. Y cuando una obra hospitalaria permanece estancada en ese porcentaje, mientras existen trabajadores que denuncian retrasos en sus pagos y problemas que todavía no han sido resueltos, resulta inevitable preguntarse quién asume la responsabilidad.

Han pasado dos contratistas. El primero apenas alcanzó un avance de 10.5% y dejó una serie de problemas que terminaron complicando aún más la ejecución. El segundo, el Consorcio Salud El Progreso, tomó la obra y logró avanzar hasta el porcentaje actual, pero ahora también enfrenta dificultades que han terminado paralizando los trabajos.

Lo más preocupante es que los obstáculos no parecen ser imposibles de resolver. El propio seguimiento del MEF identifica dos asuntos pendientes: la aprobación del adicional N.° 12, relacionado con trabajos de tarrajeo exterior necesarios antes de instalar la fachada ventilada, y el levantamiento de las observaciones formuladas por Hidrandina al expediente técnico de media tensión.

Documentos, informes, observaciones, adicionales, expedientes y trámites. Esa parece ser la verdadera especialidad del Estado cuando se trata de ejecutar obras públicas.

Mientras tanto, el calendario sigue avanzando. Los años pasan y el hospital no.

El Estado parece haber convertido las obras públicas en proyectos de resistencia: gana quien logra sobrevivir más años entre modificaciones, arbitrajes, expedientes, adicionales y cambios de contratistas. Y quienes pierden son siempre los ciudadanos.

El Hospital El Progreso es, lamentablemente, una muestra más de un sistema que parece no tener remedio. Se planifica mal, se contrata con problemas, se modifican los proyectos, se incrementan los presupuestos y, finalmente, se termina explicando por qué la obra no puede culminarse.

Una década debería ser tiempo suficiente para construir y poner en funcionamiento un hospital. No para seguir buscando explicaciones.

El Estado es el Estado, solemos decir para justificar lo injustificable. Pero esa frase no puede convertirse en una licencia para la ineficiencia permanente.

El Hospital El Progreso necesita menos documentos y más soluciones. Menos burocracia y más responsabilidad. Porque detrás de ese 68.53% no hay solamente una cifra del MEF: hay diez años de espera de una población que merece, de una vez por todas, un hospital terminado.