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DON ROBERTO ACHÚ PIZARRO, FUNDADOR DE LA HISTÓRICA TIENDA «EL HUECO EN LA PARED», UN PERSONAJE DE LA CIUDAD

Un 16 de septiembre, del año 1928 nació en el vecino distrito de Santa don Roberto Achu Pizarro personaje entrañable, ciudadano filántropo y empresario ejemplar de nuestra ciudad. Sus padre fueron don Felipe Achú Yeung, que nació en Cantón – China y doña Susana Pizarro Salinas Vda. de Achú, natural de Santa. Del feliz matrimonio nacen Carlos, Ramona, Eloy, Alberto, Marina, Roberto y Estela Achú. Realizó sus estudios en el Colegio Nacional San Pedro, integrando la primera promoción de 1942.

A los 17 años, viaja fuera de Chimbote rumbo a Matucana donde labora en una tienda de abarrotes con un grupo de comerciantes de origen chino, quienes le enseñan las buenas prácticas del negocio y el buen trato personalizado con los clientes. Al absorber toda esa experiencia de casi 4 años, retornó a nuestra ciudad y fundó en 1949 la tienda «El Hueco en la Pared», con su lema: «Tenga hambre o tenga sed, lo más rico encuentra usted, en el Hueco En La Pared» y en 1968 inaugura el hotel «San Felipe».

«El Hueco en la Pared» tenía todo para la Navidad y las Fiestas de Fin de Año. En la tercera cuadra de Jr. Manuel Ruiz, una tienda de reducido espacio; mostrador, escaparate, congeladora y anaqueles, distribuidos con una concepción técnica para el mejor desarrollo del negocio, y un stock bien surtido de mercancías a fin de vender a las amas de casa y otra variedades de productos importados, para los diferentes gustos de una clientela, ávida de comprar en tan acogedor lugar, en las inmediaciones Mercado Modelo — desde las 7 de la mañana a 10 de la noche — en ese mini market que vendía: “De todo como en Botica”.

Artículos de primera necesidad. Especias y especies importadas como: aceite de oliva, sillao, camaroncito chino, bacalao. Licores finos: whisky escoses, vino español, chileno. Ron cubano. Cigarrillos lucky, cherterfield, kool. Variedades de regalos para fiestas: chisguetes, talcos. canastas, arbolitos de navidad y otros adornos, además de útiles escolares, etc, etc. Con un stock en su interior, con más de mil variedades en productos; muchos de los cuales se ofrecían en ofertas con gran realización.

Aquella febril actividad, en tan reducido espacio; en vez de un caos, era una feria con todo su colorido, por las novedades en exhibición, que no era óbice para dejar de atender con la celeridad y atención al cliente. Peso exacto en la balanza y precio justo del articulo, como registraba la caja después de una compra venta. Cuando a los empleados le faltaba manos para atender los pedidos, la inmediata atención del propietario marcaba la diferencia por su idiosincrasia fenicia y trato oriental. Hábil al negociar, diestro en el despacho y sugerente para convencer, aferraba al cliente al mostrador para que: “siga pidiendo y siga pidiendo”.

El comprador estimulaba por la elocuencia del vendedor, seguía comprando hasta donde llegaba su fortaleza económica. Aunque había selectos clientes que interrumpía su compra por razones de tiempo, como ocurría con Luis Banchero Rossi o Alejandro Toledo, cuando era interprete de las madres canadienses de la Parroquia de «San Francisco de Asís».

Con esas cualidades especificas y otras mas relucientes, don Roberto Achú Pizarro el dinámico hombre de negocios, propietario de “El Hueco en la Pared”, aquel establecimiento comercial que fue toda una tradición en Chimbote, forjó esa empresa gracias a su capacidad y esfuerzo, trabajando al 100%, como un hombre grande en su pequeña tienda, para levantarla como una torre de alta tensión, con el éxito de su negocio.

Es decir: en “El Hueco en la Pared” se relacionaba la intensidad del trabajo, la fuerza electromotriz, del dinero circulante y la resistencia económica del cliente. Elementos fundamentales en la “corriente” del negocio. Versión gráfica de sus ideas que nos da don Roberto Achú, de cómo es el planteamiento y disposición de una tienda comercial.

Con años de experiencia en los negocios, al por mayor y menor nos refiere para ser comerciante: “hay que tener agua helada en las venas y cifras en el corazón” Así como amar, pensar y sentir el negocio con la raíces puestas en el asiento telúrico tras el mostrador.

«De niño tuve la base de mi padre don Felipe Achú Yeung, ciudadano Cantones que a principios del siglo XX, llegó al distrito de Santa, en pleno auge de la agricultura y el potentado de los terratenientes». En ese lugar contrajo matrimonio con doña Susana Pizarro Salinas, con quien procreó a: Carlos, Ramona, Eloy, Alberto, Marina, Roberto y Estela.

Con un pequeño negocio y una granja de ganado porcino se habría paso en la lucha por la vida. Sin embargo con esa visión futurista por su espíritu ultra sensible registro tempranamente un desequilibrio en la economía de la zona.

La caída de la libra peruana en Londres, al crisis del mono cultivo por las lluvias del año 25, mermó la divisa de los terratenientes, cuyo eje financiero se desplazo hacia Chimbote. En tal razón su genio sintió la atracción por la nueva metrópoli del capitalismo en la zona. Así las cosas, a comienzos de los años 30, la familia con todos sus enseres llegaba a la Tierra de Promisión, el Chimbote de la otrora caleta, cuya playa era una belleza.

El pintoresco pueblo de calles anchas y rectas; con una concepción geopolítica: puerto estratégico para el movimiento de la exportación e importación. Un ferrocarril, con servicio de carga y pasajeros al Callejón de Huaylas y viceversa. Más una inyección del capitalismo al desplazarse a este puerto, para robustecer su economía, instalaron una fabrica de agua gaseosa; otras de fideo, velas y chancaca.

Era óptimo para el desarrollo y progreso socio económico pues en Chimbote, se empezaba a respirar atmósfera de usina, de feria y de mercado; muy diferente a los pueblos a su alrededor.

Familias como: Mohanna, Garatea, Leclere, Marston, Malpartida, Pérez, Dalmao, Ostolaza, Diaz. Sociedades como Sawoa, Comaon, Salomon y Lei, y otras; así como profesionales y hombres de empresa se afincaban en Chimbote. Don Felipe Achú, expresando su deducción filosófica, adujo: “cuando los Judíos llegan a un pueblo es, porque huelen dinero”.

«Así que yo me establezco nomás. Se adquirió un terreno en las inmediaciones del Mercado Modelo; estomagó de Chimbote. Con esa visión oriental, pensando en el aparato digestivo, hizo su calculo de probabilidades y puso una pulpería, con rosticería, para darle gusto y deleite al paladar, vendiendo la carne de porcino asado empezando por la cabeza la cual se exhibía por una ventana de rejas todos los días — renovadas por su puesto – como símbolo de su negocio la charqueteria y carniceria «El Hueco en la Pared».

En esa década que Chimbote nos abría los brazos, llegaron también muchos paisanos cantoneses, como los: Chang, Cheng, Ching, Chong, y Chung, quienes se establecieron, instalando sus tiendas de abastos — estratégicamente – casi en todas las esquinas para servir a la comunidad. De donde sale la conocida frase: “el chino de la esquina”. Que se involucraba para muchas cosas. Incluso, cuando “La Pancha” o Jimena, salía embarazada, pagaba “pato”: el chino de la esquina.

Y eso paisano, usted sabe: “chinito tlabajadol y honlao”. “Nunca como cliollo en pokel haciendo tlamplas siemple ganau”.

«Esos años con mis hermanos concurría a la escuela de primaria 313 y en el 314, para mujeres, lo hacían mis hermanas. Asi también, por los moches en el cine teatro de madera: “Iris” después “Debrick” y luego “Wester” nos transportábamos a la fantasía a través de la pantalla para deleitarnos con “Tarzán”; una cowoy o la famosa serial, con sus capítulos que se prolongaban de una semana a otra, a fin de ver a John Wayne, Gari Cooper, Lon Chaney, o Roy Rogger. Ya cuando adolescentes al mirar a una Rita Hayworth, Lana Turner, Esther William o Ava Gardner que muchas veces irrumpían nuestros sueños».

Comenzando la década del 40′ Chimbote da un estirón en su desarrollo socioeconómico al pasar la carretera Panamericana por el centro de la población. Y, porque el gobierno de Prado crea la Corporación Peruana del Santa, para fomentar el desarrollo de la zona, con lo cual se construye el terminal marítimo y se comienza la ejecución de la Central Hidroelectrica del Cañon del Pato, a fin de complementarla con las instalaciones del complejo siderúrgico, obra que se inagura en su segundo periodo de gobierno el 21 de abril de 1958.

Y como algo grandioso en esa década, en 1942 el Dr. Carlos Salazar Romero, persona de relieve extraordinario, abogado y educador de renombre, se convierte en la antorcha que iluminaria el camino de la libertad del hombre chimbotano al conseguir en su denodada gestión la creación del colegio San Pedro para la educación secundaria. Centro Educativo que se fue constituyendo en el frondoso árbol de la ciencia chimbotana cuyas coposas ramas – año a año – dejaban caer el fruto de la sabiduría.

«Tuve la suerte de ser alumno inagural con esa vieja promoción de recordados con discípulos: Nicolás, Raúl y Gilberto Arias Luna, Primo Balta, Higinio Leytón, Jose Mimbela, Julio Morales, José Bustamante, Terraz Ghilardi y tantos otros, y de la siguiente promoción Luis Percovich Roca, Nelson Diaz, Francisco Carmona, Humberto Luna, Ampelio Sagástegui, Carlos Balta Budinich, Teobaldo Arroyo, Wilfredo Peláez Gularte, Hugo Beltrán Leytón, José Alberto Mejía Torres, Gonzalo Ciudad, entre otros.

Los que viene después es mi historia como hombre de negocios. Asumí la dirección del “Hueco en la Pared”, un lugar pequeño que aveces atendía por la ventana para bregar 60 años con toda su vicisitudes, que con la venia de Dios el apoyo de mis empleados y la colaboración de mis familiares, se logró tan exitoso negocio que marcó una época en Chimbote.

Sin embargo, por los giros de la vida humana y la transformación de los pueblos en su desarrollo de forma y progreso a través de sus nuevas generaciones, “El Hueco en la Pared” a cerrado sus puertas. El proceso humano o progreso se cumple por etapas. La tienda cerró sus pueta a fines de los años 90′.

La meta de hoy no será seguramente la meta del mañana. Los hombres como nombres evolucionan y las marcas como los apellidos quedan. Como la historia del «Hueco en la Pared».

Un afectuoso abrazo para don Roberto Achu Pizarro por su feliz 98 cumpleaños, a su señora esposa Gladys Gladis Maurtua de Achu de Achu, sus hijos y familia en este día especial.

(Texto: Juan Teruel Fernández / Foto 1.- Archivo Familiar Achú – Composición de color: Michelle Koo) (tomado de  Fotos Antiguas de Chimbote – Miguel Koo)