La noticia de que la DIRESA Áncash, la ANIN, la Red de Salud Conchucos Norte y la Municipalidad Provincial de Pomabamba hayan acordado una ruta para reactivar y culminar el Hospital de Apoyo “Antonio Caldas Domínguez” debería ser recibida con esperanza. Sin embargo, también obliga a mirar con preocupación los plazos que se han establecido.
La ANIN ha anunciado una ruta de aproximadamente 30 meses. Primero será necesario realizar el diagnóstico de los actos previos entre diciembre de 2026 y enero de 2027; luego vendrá la procura y licitación del saldo de obra, entre febrero y mayo de 2027; posteriormente, la elaboración del expediente técnico, entre junio y noviembre de ese mismo año; y recién en diciembre de 2027 comenzaría la ejecución del saldo de obra y el equipamiento, con una culminación prevista para mayo de 2029.
Es decir, un hospital que ya lleva varios años esperando tendrá que seguir esperando casi tres años más.
Y aquí aparece la principal preocupación. No estamos hablando de una obra nueva que recién comienza. Se trata de un proyecto que fue iniciado hace varios años, que quedó paralizado y que, de acuerdo con información reportada en 2026, registra alrededor del 58 % de avance físico. La propia Contraloría ya había advertido anteriormente problemas y situaciones adversas vinculadas con la ejecución del proyecto.
Por eso, la pregunta es inevitable: ¿por qué se necesita tanto tiempo para culminar una obra que ya tiene buena parte de su infraestructura ejecutada?
La experiencia reciente de los hospitales que están bajo responsabilidad de ANIN en Áncash tampoco permite mirar estos cronogramas con indiferencia. Pomabamba se suma a una larga lista de proyectos hospitalarios que han enfrentado paralizaciones, modificaciones, retrasos y dificultades contractuales. Y mientras las entidades discuten expedientes, licitaciones y presupuestos, son los ciudadanos quienes continúan esperando servicios de salud adecuados.
En este caso, por lo menos existe un aspecto positivo: se ha previsto destinar hasta 10 millones de soles para garantizar la operatividad del Hospital Temporal de Contingencia, mientras se desarrolla el proceso de culminación. También se han distribuido responsabilidades entre la DIRESA, la Red de Salud Conchucos Norte y la Municipalidad Provincial de Pomabamba para asegurar los servicios básicos y las condiciones mínimas de funcionamiento.
Pero un hospital temporal no puede convertirse en la solución permanente.
Lo que necesita Pomabamba es que el nuevo hospital se termine y que se termine bien. Cada mes de retraso significa prolongar una situación que afecta directamente a miles de pobladores de la provincia y de la Red Conchucos Norte.
Y aquí es donde nuestra preocupación trasciende Pomabamba. En Áncash tenemos otros grandes proyectos hospitalarios en marcha o anunciados, como el Hospital La Caleta de Chimbote, que será ejecutado por ANIN, y el Hospital Especializado de EsSalud, cuya situación también genera interrogantes. Después de observar lo ocurrido con los hospitales de Casma, Caraz, Recuay y ahora Pomabamba, resulta inevitable preguntarnos qué nos deparará el futuro de las grandes inversiones hospitalarias que necesita nuestra región.
Áncash no puede acostumbrarse a inaugurar cronogramas en lugar de hospitales.
Ya hemos visto demasiadas veces cómo una obra comienza con anuncios, continúa con modificaciones, enfrenta paralizaciones y termina convirtiéndose en una interminable espera. La población no necesita más ceremonias ni actas de compromiso. Necesita obras terminadas, equipadas y funcionando.
Nos queda entonces pedir que esta vez las instituciones cumplan lo que han firmado y que los plazos anunciados no vuelvan a convertirse en nuevas fechas incumplidas.

