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40 años del diario y la estirpe de Los Peláez

Ejercer el periodismo allá por la decana de los 80 era toda una osadía, en un marco de contundentes paros, huelgas con feroces enfrentamientos entre policías y protestantes conformado por siderúrgicos, pescadores y maestros.

Sendero Luminoso que ya mostraba sus colmillos asesinos de bala y dinamita con diversos incursiones en la zona.

Transcurría 1981 cuando ya tenía el bolígrafo al ristre como corresponsal de los diarios Ojo y Correo, América Televisión y la  legendaria revista Caretas.

Haciendo reportería conocí a Wilfredo Peláez Gularte, quien era un respetado periodista nacional, como corresponsal e editorialista del influyente diario La Prensa. En nuestro primer contacto recuerdo su actitud hablándome con la generosidad de un maestro que se preocupa por el desarrollo de su alumno. Así surgió una inquebrantable amistad.

LA FURIA DEL  RÍO LACRAMARCA

Corría marzo de 1983 y los efectos del Fenómeno del Niño flageló a Chimbote de manera frutal.

El desborde del río loco inundó totalmente casas, calles y avenidas de Miramar Bajo, La Florida, La Libertad, El Trapecio, 27 de Octubre y otros. Pardo y Meigg convertidos en ríos.

Esa mañana con gran dificultad avanzaba por Meiggs, a la altura del Jr. Callao encontré a don Wifredo, éramos los únicos periodistas entre los fangos, es decir, en el lugar de los hechos.

Lo salude y en tono protector me advirtió de los riesgos, recomendándome cuidar mi integridad física.

En esos andares que me confesó por primera vez su proyecto de fundar un diario y llevaría el nombre de Chimbote.

UN PUERTO CONVULSIONADO

Desde fines de 1984, Chimbote vivía una de las épocas de mayor descontento y agitación, encabezado por los sindicatos de Sider Perú y pescadores que reclamaba las cuotas de pesca y defendiendo la Caja del Pescador, mientras que los artesanales también agitaban las banderas de la reivindicación.

La falta de trabajo agudizaba la situación porteña, que ya hacía de Chimbote una “presa” apetecible de Sendero Luminoso, pero que no enraizó sus garras, entre otras razones porque los líderes de izquierda locales mostraban su perfil democrático, lo que les costó persecución y muerte en algunos casos. A todo ello se sumaba la crisis del gobierno de entonces con inflación galopante.

En este complicado contexto social, económico y político, la noticia del nacimiento del  diario de Willy, adquiere connotación mayor en todo Chimbote y crece la expectativa en la población.

SÍNDROME DEL CANGREJO

Si uno intenta salir de la olla, los demás lo jalan hacia abajo.

“Ya sale el diario de Willy” era el “titular” que se trasmitía por radio bemba y corría velozmente. Lo que más me llamaba la atención es que muchos periodistas no le encontraban buen futuro al medio de comunicación impreso que estaba por nacer. Unos le presagiaban un mes de vida, otros máximo tres. Dicen que el triunfo del vecino expone la frustración y la falta de iniciativa de algunos. Tema de psicoanalistas.

Mientras que en mercados, centros laborales y colectivos el tema de conversa e indagación era “El diario de Willy”. Lugares de concurrencia de profesionales y empresarios como el “Chisita” y “Pedrito”, el primero de obligada socialización en la cuadra 6 de Espinar y el segundo donde se degustaba el mejor ceviche de pejerrey  en la cuadra 4 del mismo jirón, a donde llegaban hasta las principales autoridades de la ciudad, se hablaba en voz alta la aparición del nuevo diario.

EL PARTO CON TINTA DE WILLY

Imagino que luego de muchas “contracciones” en la edición cero, el reloj marcando el cierre de la primera edición, deliberación para el editorial y otros detalles, porque un diario no es solo información en papel sino un pensamiento, un interlocutor en la sociedad.

Aquella mañana del lunes 06 de octubre  de 1986 los quioscos de periódicos y revistas de Chimbote se vistieron con ejemplares del esperado Diario de Chimbote y los canillitas a voz en cuello anunciaban el nuevo diario chimbotano.

De saque, el director fundador don Wilfredo Peláez Gularte, en su primer editorial marco la línea periodística innegociable: defender los intereses del pueblo de Chimbote. En las ediciones subsiguientes sus páginas detonaron denuncias frontales y encarnizadas contra la corrupción y autoridades enquistadas  en los puestos de poder. Obviamente, no tardaron las persecuciones y hostigamientos, pero jamás lo vimos retroceder.

MI DECANATO Y SU PALABRA

Conocí la magnitud de su   estima y lealtad cuando decidí postular al decanato del Colegio de Periodistas, le pedí estampar su firma en la lista de adherentes a mi candidatura, su respuesta lo guardo en el corazón como legado de fraternidad: “Te felicito y estoy contigo, mi futuro decano. Y no olvides que, si alguien se atreve obstaculizar tu gestión, se enfrentara con el diario, y veras que yo lo pulverizo”. Así de grande era Willy.

DECANATO Y SU PROMESA

Wlfredo Pelaez Gularte, era ante todo una persona honesta y coherente, sin decirlo aplicaba la frase  “Soy dueño de mi silencio y esclavo de mi palabra”.

En el desarrollo de mi gestión como decano tuve la suerte de gozar del apoyo unánime de mis colegas, pero el suyo tenía un aspecto excepcional.

Como lo había prometido abrió las páginas del Diario de Chimbote en respaldo de las acciones y gestiones institucionales.

Siempre que nos encontrábamos, su primera pregunta era “Que novedades del Colegio”, poniendo rigurosa atención a la respuesta. Escuchaba con orgullo los avances que íbamos logrando, le fascinaba saber que, en el contexto nacional del Colegio de Periodistas del Perú, la joven filial de Chimbote estaba alcanzando connotación histórica, no solo haciéndose escuchar en Lima, sino integrando comisiones nacionales.

WILFREDO NO SEMBRÓ EN EL DESIERTO

Su herencia periodística no cayó en el desierto. En la arquitectura de la empresa periodística del Diario de Chimbote, editado por Publi Chimbote, es justo y merecido resaltar la figura de Paula Olortegui de Peláez, su esposa. Una persona amorosa, paciente y firme, especialmente en momentos críticos. Ambos ya están en la diestra del Señor y la historia reconoce en ellos como fundadores de una institución cívica, tan chimbotana como la “Isla Blanca”.

Rindo homenaje al recordado Javier Pelaez Olortegui, con quien no solo me unió el diarismo y la amistad, sino los momentos de largos debates académicos en nuestras aulas universitarias.

Javier encarnó la línea batalladora y aguda que imprimió su padre hasta su temprana partida.

Actualmente el timón del buque está en manos de su hijo mayor Wilfreo Peláez Oloregui quien con sapiencia mantiene la nave a flote en épocas adversas para el papel impreso, sorteando dificultades de toda índole, pero con la firmeza de la línea trazada por el fundador: la defensa de Chimbote, la región y el país.

Al conmemorar los 40 años hago llegar mi saludo sincero a toda la familia Pelaez, al personal administrativo y de la sala de redacción entre ellos Raúl Palacios Rivas, cuya pluma y vigor periodístico robustece los talleres del matutino.

LOS 40 Y LA TERCERA GENERACIÓN

La estirpe Peláez en su tercera generación ya está enfilada y ha empuñado la bandera de la permanencia del Diario de Chimbote, la misma que no dependerá de los antojos de la tecnología sino de los valores que le inyectara su fundador para defender al pueblo y arrinconar al corrupto, con las páginas  limpias y un editorial indomable.

Este aniversario no es un milagro ni la longevidad del papel sino la fortaleza del alma periodística materializado en la voz impresa de cada mañana durante 40 años.

Los felicito por mantener la decencia de la tinta que les dejo WPG, para seguir escribiéndole a su querido Chimbote. Salud por los 40!